Actividad Esencial

En 2017 la ONU resolvió que el 20 de mayo es el “Día Mundial de las Abejas”, en homenaje al apicultor esloveno Anton Janša, pionero del siglo XVIII en las técnicas modernas de apicultura en su país. Es inevitable que una efeméride antropocéntrica no haga un poco de ruido tratándose de ellas, pero bienvenido si sirve para tener (por lo menos!) un día para reparar en seres tan fascinantes como importantes.

No hay imagen más bucólica que la amplitud de un campo florido poblado de abejas yendo y viniendo sobre cultivos armoniosos regados por la luz matinal… Esa estética despojada taaan posmoderna invitándonos a sentirnos “liberados” de todo lo material y en conexión con “lo universal”… para vendernos cualquiera de las baratijas con que el capital se realiza, ordeñando el plus-trabajo contenido en la mercancía… Son imágenes que podrían acompañar cualquiera de las publicidades con que el agronegocio busca mostrarse “sustentable” mientras libera en el ambiente, sólo en nuestro país, más de 500 millones de litros de agrotóxicos por año. Así las poblaciones de abejas a nivel mundial están colapsando producto del modelo agroindustrial dominante.

¿Quién alguna vez no recibió en su teléfono un video que las muestra muertas de a millones? amontonadas al pie de colmenas silenciosas, y removidas por apicultores que filman desolados.

Si cuesta imaginarnos la vida sin miel en la mesa, resulta totalmente inconcebible hacerlo sin abejas, simplemente porque su extinción junto con otros polinizadores implica el colapso de los ecosistemas y de la posibilidad de recomponer los ciclos de la vida. Sin abejas no habría bocas para degustar miel, ni ojos para recorrer paisajes, ni personas para sentirse en “comunión con todo”: sin abejas no hay humanidad. Tan fundamental es su rol que han sido reconocidas como “el ser vivo más importante del planeta”.

Abejas y apicultores

Pedro Kaufmann, es apicultor e integrante de la Sociedad Argentina de Apicultores (SADA): “Llegué ahí con interés de formarme, y con el tiempo me integré a su mesa directiva puntualmente porque entendí que había que incorporar al paradigma del apicultor el debate sobre el agronegocio. Los apicultores somos de los grupos más perjudicados por el agronegocio, pero paradójicamente el apicultor tardó muchos años en darse cuenta lo que le estaba pasando a las abejas y al ambiente en el campo. Tardó muchos años en darse cuenta que le habían robado las flores.

Para él hacer apicultura te da una mirada de la sociedad muy particular al “convivir con un animal colectivo”: “Si bien la abeja es un insecto, el verdadero animal es ese colectivo que nosotros llamamos colmena, que son miles de abejas que conforman una unidad en donde cada una tiene un rol y actúa en función del bien común; hasta dan la vida por el conjunto, porque si una abeja te pica es su último acto de arrojo porque después se muere. Ponerte al lado de una colmena te hace mirar la sociedad desde otro lugar.”

Realmente esencial

Argentina es reconocida a nivel mundial como un gran productor de miel de excelente calidad, exportando alrededor del 90% de su producción. Pedro estima que el país produce entre 65 y 70 mil kg anuales, sin contar los circuitos más informales donde el apicultor de cercanía vende a sus vecinos como una forma tradicional de intercambio. Pero lo más importante que destaca es que las abejas son responsables de 7 de cada 10 alimentos que llevamos a nuestra mesa todos los días a través de la polinización. Sea en forma silvestre o dirigida por un apicultor, buena parte de los cultivos y plantas silvestres necesitan de los polinizadores para el intercambio sexual entre una planta y otra. La abeja es el polinizador por excelencia y “esta es la parte más importante de la apicultura, mucho más que la de la miel, aunque quizá es más fácil visualizar el tarrito en la mesa o el tambor en el puerto.”

Cae de maduro entonces que “el Estado debería catalogarla como una verdadera actividad esencial porque es la llave que le permite a la sociedad obtener sus alimentos. Esto permitiría que el resto de las actividades productivas que existen en el territorio estén obligadas a convivir en forma armónica con la apicultura. Esto no ocurre actualmente en Argentina ni en el cono sur de América, donde las poblaciones de abejas están siendo sistemáticamente destruidas por el modelo agroindustrial que no trabaja en armonía con ningún otro sistema productivo.”

Venenos y desmonte

Este modelo basado en transgénicos resistentes a agrotóxicos, implica la liberación masiva de estas sustancias en nuestros ambientes, y el corrimiento de la frontera agrícola implica desmontes y destrucción de los ecosistemas naturales que quedan. Esta pinza está empujando a las poblaciones de polinizadores al colapso.

Esto es un fenómeno global del que advierten organismos internacionales, pero en el cono sur que es uno de los polos mundiales de producción de cultivos transgénicos, esto es particularmente grave: la Sociedad Latinoamericana de Investigación en Abejas (SoLatInA) realizó una encuesta en cada país, y determinó que en el período 2016-2017 la Argentina perdió el 34% de sus colmenas de abejas melíferas; ubicándose como el quinto país de América Latina con mayor tasa de mortandad abejas.

Para Pedro “en los últimos 10 años en la provincia de Buenos Aires se han perdido el 50% de los apicultores. En muchos lugares ya no se puede hacer apicultura, porque ha desaparecido la comunidad que consumía la miel; además las colmenas producen muchos menos kilos de miel, y el apicultor debe trasladarlas de un lugar a otro para poder compensar esas pérdidas, las colmenas se van estresando, se empieza a buscar alimentos alternativos para las colmenas porque no tienen alimento, y las colmenas terminan muriendo por debilitamiento y enfermedades. Toda una serie de cuestiones que hacen que los apicultores abandonen la actividad.»

En el vademécum del agronegocio hay una familia de agrotóxicos particularmente dañina para las abejas: los neonicotinoides. Fernando Cabaleiro de Naturaleza de Derechos explica: “Los neonicotenoides son agrotóxicos que funcionan de modo sistémico, es decir que entran por la savia de las plantas, por el sistema vascular y después se expresan en el polen; ahí se transforman en una trampa mortal para las abejas porque que afecta en su sistema de reproducción, en aspectos cognitivos (las desorienta), y también en aspectos fisiológicos. Esto está comprobado en más de 200 trabajos científicos que muestran esa relación, y por lo tanto los Estados deberían actuar en consecuencia.”

Pedro agrega que “a esto habría que sumar la abulia de los mecanismos de control. El SENASA no cumple con los recaudos necesarios como para garantizar la apicultura. Cuando se produce alguna contaminación o muerte de la colmena no toman las denuncias y cuando las toman no concurren los inspectores a tomar las muestras; y si concurren a tomar las muestras no se hacen los estudios de laboratorio. Entre la desidia administrativa y el compromiso político con los intereses económicos, la parte más débil de la relación que somos los apicultores y las abejas, perdemos en esta batalla desigual contra las grandes empresas transnacionales del agronegocio.”

Salidas y salidas

Así como frente a la crisis climática, sus responsables proponen falsas soluciones de geoingeniería con intervenciones cada vez más brutales sobre sistemas complejos y delicados; ante el colapso de los polinizadores el agronegocio huye hacia adelante: “en distintos lugares del mundo están buscando alternativas pero no de producción agroecológica, sino de abejas resistentes a tóxicos, o drones pequeños para la polinización. Esto es un delirio, pensar que se pueden suplir mecanismos que vienen co-evolucionando hace millones de años en conjunto, como son los insectos y las flores” plantea Pedro.

Cabaleiro plantea que la única solución es el abandono del modelo tóxico y el desarrollo de la agroecología. “En Europa, por un lado se avanzó en la prohibición de los neonicotenoides cancelándose el uso; en otros casos se establecieron fuertes restricciones impidiendo su uso a cielo abierto por ejemplo. Lamentablemente Argentina no avanza en ese sentido. Con respecto a los neonicotenoides se interpuso una demanda encabezada por la SADA solicitándole al SENASA que abra el proceso de análisis de riesgos de estas sustancias con vistas a su cancelación definitiva por las frondosas pruebas científicas que hay sobre el vínculo que tienen con la mortandad de abejas”, pero sin novedades hasta aquí.

Detener este verdadero ecocidio en curso va a requerir de nosotros y nosotras mucho más que una carita triste en un posteo, o un like en una denuncia; y en ese sentido son muchas las acciones legales y políticas en curso para detener los impactos nefastos que el modelo de agronegocios tiene en nuestras vidas y en el ambiente; todas estas “externalidades” que no figuraron en ningún balance, y que como las poblaciones de abejas, muchísimos pagaron con la vida y otros millones llevamos en el cuerpo.

Las recientes declaraciones del Ministro de Ambiente Juan Cabandié son alentadoras, porque a diferencia de todos sus antecesores toma el planteo que las comunidades y organizaciones levantamos desde hace más de 20 años. Pero claramente los Ministerios no están para comentar la realidad sino para actuar en concreto con políticas públicas, y eso todavía lo estamos esperando.

En tiempos de pandemia buena parte de la humanidad se pregunta ¿cómo llegamos acá? y descubre tirando del hilo, no sólo la relación entre el coronavirus y el modelo agroalimentario dominante, sino que avizora lo que nos espera de no torcer el rumbo general en el que el capitalismo nos jalona.

Quizá este bichito incansable pueda ser también un hilito del que tirar para “ver la sociedad de otra manera” como plantea Pedro, y recuperar una forma de estar sobre este mundo en armonía con el resto de la vida.

 

Buenos Aires, 20 de mayo de 2020

También te podría interesar

“Justa” y necesaria, la intermediación solidaria que vino para quedarse

Giles Agroecológico, porque otro modelo es necesario

Tiempo de brotar: Guardianes de semillas, territorios y oportunidades

Baradero va por la regulación de agroquímicos y el fomento a la agroecología

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *