Campamento Climático de los Pueblos contra el Terricidio

Por Mariano Sánchez Toranzo (Multisectorial Antiextractivista) – Fotos Leandro Rodríguez (Comunicación Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir)

 

Un viaje de más de 32 horas en micro nos llevó desde la Ciudad de Buenos Aires hasta el Lof Mapuche Pillañ Mahuiza, en el Puelwillimapu (provincia de Chubut). Desde otros territorios, más de 200 Hermanxs habían salido hacía varios días y en esa procesión se iba construyendo el primer Campamento Climático de los Pueblos contra el Terricidio, convocado por el Movimiento de Mujeres Originarias por el Buen Vivir del 7 al 10 de febrero en la Patagonia argentina. Desde la visión del Movimiento, el Terricidio es el asesinato de los ecosistemas tangibles, del ecosistema espiritual y de los pueblos, y todas las formas de vida.

Llegamos antes del amanecer, justo a tiempo, para acampar y sumarnos a la ceremonia de apertura. Allí saludamos y pedimos permiso al Territorio, que nos recibía con una belleza increíble: sus enormes árboles, que se confunden con los verdes arbustos a la vera del Río, los Cerros que nos contienen bajo el profundo azul del Cielo -que hasta hace poco, según nos relataron, estaba lleno de nubes-, y por sobretodo una espiritualidad tangible. Conversamos con el río Carrenleufú y le pedimos que nos iluminara en nuestro Encuentro. Lxs Hermanxs mapuches, junto con otras comunidades indígenas llegadas de distintas latitudes, hicieron ofrendas al río Carrenleufú, que en su brioso caudal las recibía. Originarixs de otras partes del mundo -de Bolivia, Chile, Ecuador, Brasil, Paraguay, Colombia, México, Canadá, EEUU, España, Francia e Italia; y de distintos rincones de nuestro país- completábamos el semicírculo en forma de luna.

Después de esa ceremonia nos trasladamos a la cocina de campaña que, con tanto amor, se construyó especialmente para este Encuentro. Cumpas voluntarixs prepararon allí los alimentos que nos ofrecieron en esos tres días. Una cocina sana, rica, amorosa, respetuosa de los animales, y abundante, con desayunos y meriendas a base de frutas, avena, pan casero -recién salido del horno de barro- con dulce y el infaltable mate cocido, hasta riquísimos almuerzos y cenas veganas.

Después del primer desayuno, nos reunimos en el espacio que acogió gran parte de nuestras conversaciones y puestas en común. Alrededor del Fogón de la Palabra, nos nutrimos de experiencias, conocimientos, denuncias, luchas y sabidurías diversas; y las naciones indígenas se unieron en las exposiciones y preguntas. También aportamos experiencias y perspectivas luchadorxs socioambientales, antipatriarcales, antirracistas y de defensa de los derechos de pueblos, de la diversidad sexual, de los animales: del Territorio del que somos parte.

Nos acompañó un clima muy amigable, de días soleados y algún chapuzón en el río; con noches frías y coronadas por una inmensa luna, que se reflejaba en las aguas del caudaloso río.

La segunda jornada nos encontró trabajando en 16 talleres. Tuve el honor de que el Movimiento de Mujeres Originarias por el Buen Vivir me permitiera coordinar uno de ellos, donde profundizamos en la clasificación de los niveles de conciencia, según el pedagogo brasilero Paulo Freire. El taller concluyó con una dramatización en grupos, sobre lo leído y debatido colectivamente; momentos y procesos que nos emocionaron e iluminaron. Por la tarde, participé de un taller sobre los efectos de los Tratados de Libre Comercio, coordinado por Vanessa Dourado de ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras para la Ayuda al Ciudadano) Argentina, y de otro taller, Rumbo a la extinción, coordinado por los Compañeros de XR (Extention Rebelión Argentina), Gonzalo Payer y Jeremías Kurón; donde avanzamos en el diagnóstico ante la crisis climática y profundizamos en las tácticas y estrategias a tomar por nuestros Pueblos.

También hubo reuniones de Mujeres y Diversidades desde donde, entre otras tantas propuestas, surgió la necesidad de luchar contra el “chineo”. El chineo es una práctica, denunciada por las Hermanas, que se perpetra de manera sistemática en el norte de nuestro país, por parte de varones adultos y poderosos, que violan a niñas de ocho a diez años, principalmente de pueblos originarios y pobres, justificándose en una supuesta y condenable “tradición”.

El tercer día avanzamos con las propuestas. Entre ellas se escuchó en reiteradas ocasiones, yo también fui uno, de la necesidad de ser parte de la construcción de la Marcha Plurinacional del Agua para los Pueblos que está naciendo en nuestros Territorios más profundos y que confluirá en el Congreso para marchar a Plaza de Mayo el 22 de marzo próximo, en el marco del Día Mundial del Agua y del Cumpleaños 90 de Norita Cortiñas una gran Madre de Plaza de Mayo.

Después de escuchar todas las propuestas, decidimos fundarnos y constituirnos como Movimiento de los Pueblos contra el Terricidio. Más tarde, formamos una ronda de agradecimiento a todxs quienes colaboraron desinteresadamente para que el primer Campamento Climático fuera posible. Se avanzó además en el Comunicado Final y en una hermosa canción “Los Territorios cuidando”, surgida del taller de sensibilización al sonido coordinado por la hermana colombiana del Cauca, Ana Maytik Avirama.

El cuarto día empezó muy temprano, a eso de las 6 de la mañana. Aclaraba y el frío de la noche persistía en quedarse con nosotrxs. Desarmamos las carpas, desayunamos y participamos de la ceremonia de cierre. Agradecimos y nos despedimos del Lof, un territorio recuperado por las Hermanas Mapuches, que tan amorosamente nos había acogido.

Luego trasladamos nuestros petates hasta el colectivo y nos repartimos en los transportes que condujeron a Esquel. Marchamos por sus calles, para, frente al Terricidio, declararnos en lucha, en resistencia y reexistencia contra este sistema en general y contra el proyecto hidroeléctrico La Elena en particular, una amenaza de muerte al río Carrenleufú. Nos manifestamos en contra de todo tipo de opresiones y saqueos en Pueblos y Territorios.

Nos despedimos de quienes se quedaban y encaramos nuestra vuelta a casa. En nuestro micro, con sus amables y colaborativos choferes, volvimos a recorrer hermosos paisajes. De a poco, profundizamos discusiones sobre cómo construimos entre todxs nuestro destino común, a encontrándonos en nuestro sentipensar; descansamos y reímos.

Hoy más que nunca reafirmamos que la salida al Terricidio -a este sistema capitalista que nos oprime, aliena, excluye, saquea, atenta contra todo tipo de vida y supervivencia en nuestro planeta- es a través del cambio de paradigma que nos proponen nuestras naciones originarias, las que nos enseñan el Buen Vivir como camino, y que las relaciones entre Nosotrxs y la Pachamama deben ser complementarias, recíprocas, horizontales, integrales, amorosas y en armonía. Donde se respeten los Derechos Humanos, de los Pueblos y la Madre Tierra.

Febrero de 2020

 

También te podría interesar

A partir de Maradona

Guernica y la Argentina en disputa

Trigo HB4: El transgénico nuestro de cada día

Sí, juro ¿“grieta” ambiental o disputa por la transición ecológica?

1 thought on “Campamento Climático de los Pueblos contra el Terricidio”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *