“Donde no hay un pueblo organizado, no se avanza” – Ezequiel Grau, de Cooperativa Colonia Ferrari (MNCI-VC)

La Cooperativa Colonia Ferrari es una Comunidad Agroecológica impulsada por el Movimiento Nacional Campesino Indígena- Vía Campesina (MNCI-VC) y el Movimiento Evita que funciona en Las Armas, Provincia de Buenos Aires. (ubicada en el km 70 de RP N° 74, Partido de Maipú).

Primero como espacio de trabajo voluntario y recreativo vinculado al MNCI-VC y como parte del Frente Agrario Evita, la Cooperativa es una de las iniciativas de la organización para impulsar la Soberanía Alimentaria con la producción de alimentos sanos y fomentar la vuelta al campo y el arraigo rural. Como protagonistas de la lucha por la tierra y la resistencia al agronegocio, las organizaciones de base campesina han llevado adelante estrategias novedosas con sus pares de las grandes ciudades en lo que ha sido una de las tareas más importantes del movimiento como tal, la de plantear la necesidad de una Reforma Agraria integral y la Soberanía Alimentaria de nuestros pueblos como alternativa a la crisis del capitalismo actual.

En este camino las organizaciones campesinas y de la agricultura familiar avanzaron en plantear demandas y propuestas a los diferentes gobiernos lo que las ha posicionado como interlocutores válidos. Así algunos de sus miembros ocupan puestos de gestión. Tras cuatro años de macrismo y uno de pandemia, que atravesamos conversamos con Ezequiel Grau, referente de la Cooperativa Colonia Ferrari y del Frente Agrario Evita.

Hqn: Para quienes no conocen la historia de la Colonia Ferrari ¿Qué podrías contarnos sobre el lugar?

EG: Este predio en su momento era una colonia, un instituto de menores, construido por la Fundación Eva Perón en los 50´s. Tiene toda una infraestructura con pabellones donde antes estaban las camas donde dormían los niños, los baños. Todo bastante grande. Hay un lugar donde funcionaba una escuelita que estamos en proceso de recuperar, una capilla, una sala de teatro, y unas casitas. Este campo tiene hoy en total unas 2.900 hectáreas (has) y antiguamente tenía más de 5.000; al parecer algunos privados se fueron quedando con algunas partes del campo. Nosotros hacemos uso de unas 20has aproximadamente, donde está ubicado el casco de la antigua estancia. El resto lo usufructúa el INTA a través de un convenio con la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) donde explota ganadería más al estilo de una estancia o como los campos que puede haber por acá.

Nosotros en la parte que usamos, lo que desarrollamos es un proyecto de vuelta al campo, de repoblamiento rural, del cual participamos siete familias. Esto significa para nosotros y nosotras la propuesta de la vuelta al campo, diferentes ideas que apuntan hacia un mismo lugar que tiene que ver con el trabajo y la lucha por la tierra. En este país hace muchos años se viene dando un proceso de concentración de la población en grandes ciudades, al tiempo que se concentra la tierra en pocas manos (se estima que el 93% de la población del país vive en centros urbanos) por lo que es cada vez es menor la cantidad de gente que trabaja directamente vinculada a la tierra. Esto es consecuencia directa del modelo de agronegocios y producción de “commodities”. Para que te des una idea, en el resto del campo que son unas 2900 hectáreas trabajan 3 personas (junto a sus familias) y nosotros en 20 hectáreas somos 7 familias, donde todos participamos del trabajo. Ojo, esto no quiere decir que sean suficientes las 20 hectáreas, eso nos lleva a vivir de una manera muy humilde, pero con alguna extensión más de tierra se podría vivir mucho mejor. A diferencia de nosotros el planteo productivo que tiene el campo de explotación tradicional es muy extensivo y de baja generación de trabajo y mano de obra.

Hqn: Nosotros sabíamos que en 2005 el predio fue cedido al INTA. ¿Cómo se termina asentando una cooperativa que pregona la Soberanía Alimentaria en este espacio y ese contexto? 

EG: Desde el MNCI primero y después como parte del Frente Agrario Evita y Vía Campesina, venimos trabajando la propuesta de Vuelta al Campo que tiene que ver con la construcción de una vida comunitaria. O “construir comunidad” como la llamamos, teniendo como idea fuerza que ninguno de nosotros se puede salvar solo, que construyendo comunidad vamos combatiendo el individualismo, que es algo que no reconoce fronteras, ni campo ni ciudad, sino que es algo que atraviesa al conjunto de la sociedad. Por eso las llamamos “Comunidades”. Y “Agroecológicas”, ya que la agroecología no es sólo una forma de producción sino una forma de vida; que entendemos que tiene que ver con la vida en comunidad y la construcción de otros vínculos. Por eso también planteamos volver al campo para hacernos compañeros y compañeras de las familias de pobladores rurales que por ejemplo, en la zona donde nosotros estamos, son los y las trabajadoras rurales, los puesteros, compañeros que trabajan campos de cría extensiva de terneros principalmente y que generalmente se encuentran a merced de los grandes propietarios de tierras.

Hqn: ¿Cuándo comienza este proyecto de Vuelta al Campo acá en la Colonia Ferrari?

EG: A partir de 2010 que fue cuando conocimos este lugar. Desde el MNCI empezamos a hacer campamentos y actividades con jóvenes como una forma de ir dándole alguna funcionalidad al espacio. El casco de la colonia estaba en pleno abandono y lo único que se podía utilizar eran unos corrales de animales; todo lo demás estaba muy deteriorado, con el monte crecido, con roturas en los techos y la mampostería de los edificios etc. Deben haber pasado unos 60 años sin que nadie utilice el lugar. Por eso en un momento en que ya estábamos fuertes organizativamente entre el MNCI y el Movimiento Evita nos empezamos a plantear la posibilidad de cambiar de vida, entre aquellos compañeros que tenían el deseo de tener una vida más tranquila y de salir de la precariedad del barrio, de los problemas sociales, de la falta de trabajo, dificultades con la crianza de los niños, incluso adicciones. En noviembre de 2014, vinimos las primeras familias y ahí se nos hizo más clara la intención de quedarnos, de buscarle la vuelta a la producción y empezar a vivir vinculados a producción de la tierra.  

Hqn: ¿Cómo son normalmente los días en la colonia? ¿Cómo se organizan con el trabajo y las tareas de la organización?

EG: En general los días comienzan con el trabajo a campo, con las tareas de la producción y también depende del día, hay tareas organizativas o políticas. También estamos tratando de avanzar en algunos proyectos productivos que requieren asistencia técnica y planificación. Hacemos un trabajo a nivel del pueblo en Maipú, que tiene que ver con la sensibilización y difusión de la idea de Soberanía Alimentaria y desarrollo local, de la producción y comercialización de alimentos sanos etc. Encontramos receptividad de la gente. En general son lugares muy pacatos en un pueblo chico, por eso lo nuevo tarda un tiempo más en establecerse. 

En lo productivo me encargo de la parte de ganadería. Tenemos un pequeño rodeo de vacas lecheras, yo me encargo del pastoreo, la alimentación y la toma de agua, los cuidados en general y con otra compañera hacemos el ordeñe. Eso es diario viste?, lleva tiempo y después también tengo que ponerme al día con algunas cosas, hay veces que al no estar durante varios días se acumulan tareas. Por lo que me reparto en tareas productivas y tareas de la organización.

Las familias, hay algunas que permanecimos desde el primer momento y otras que se fueron sumando al trabajo. Tenemos producciones comunitarias y producciones familiares. Nuestro objetivo, nuestra mirada no es solamente la de tener un pedazo de tierra, sino también la de buscar o más bien generar una comprensión en la que nadie se salva solo ¿no? si no que hay que reconstruir ciertos lazos de vida comunitaria, solidarios, donde podamos desarrollarnos y encontrar una forma de organización acorde a esto. Por ejemplo, tenemos dos jornadas semanales de trabajo comunitario, resolvemos la provisión y el acceso al agua, los aspectos de la comercialización de la producción, o la compra de insumos. Es importante remarcar que todos venimos de una vida donde el individualismo siempre fue el elemento que predominó y con todas las dificultades que eso nos acarrea tratamos de corregir estas cuestiones desde el cooperativismo. Vamos tratando de hacer una vida en ese sentido y buscando la manera más adecuada a las tareas y a nuestras posibilidades. Ahora de hecho estamos iniciando una escuela secundaria rural, donde también estamos convocando a las familias de los trabajadores rurales de la zona, para que puedan terminar el secundario. También organizamos talleres de elaboración de chacinados por ejemplo. Hay compañeros y compañeras que vienen a trabajar acá, con jornadas de trabajo y de organización. La idea de laburo no es sólo con las familias que estamos viviendo dentro del predio de la Colonia, si no con las familias y los vecinos de acá de la zona rural.

Hqn: Muy interesante… que pongan a disposición las instalaciones para que la comunidad pueda aprender cosas o hacer trabajos, talleres, cursos. 

EG: Sí, de hecho este lugar tiene, sobre todo para la gente más grande o que vive en la zona desde hace mucho tiempo, un valor muy importante por la vida que tenía este lugar. En la capilla, por ejemplo, hay gente que se casó, que tomó lo comunión; en la sala de teatro se solían hacer fiestas. Digamos que hay lugares de gran valor sentimental y el hecho de recuperar el espacio y que vuelva a ser abierto le da ya un objetivo social digamos. Después sí, en lo productivo y en lo educativo la idea es trabajar para que haya una reapropiación de todo lo que aquí se pueda generar. Incluso ahora en época de aislamiento las maestras traen las tareas para los chicos que viven en el campo y las familias luego las vienen a buscar, como que la Colonia va funcionando como punto de encuentro, como espacio social.

Hqn: ¿Cómo les impactó la pandemia?

EG: Teniendo en cuenta lo que sucedió en las grandes ciudades, corrimos con un poco de ventajas porque es una zona de baja densidad poblacional, y las relaciones y la circulación es mucho menor. De hecho, por eso ahora cobran más fuerza este tipo de propuestas de vuelta al campo; porque quedan en evidencia las dificultades para poder dar respuesta frente a la pandemia, cuando vivimos hacinados en la ciudad, con viviendas precarias servicios escasos y en muchos casos si agua, entonces las consecuencias pueden ser muy complicadas.

Sí tuvimos algún inconveniente en la provisión de algunos insumos o la escasez de algunos productos. En cuanto a nuestras actividades tomamos los recaudos de higiene y distancia con la gente que viene a comprar, por ahí recibirlos en la puerta o en la tranquera. Después en lo que es nuestra organización reducimos los intercambios y los encuentros son virtuales. En la colonia digamos que hicimos un aislamiento comunitario. En lo educativo vivimos un cambio porque los chicos dejaron de ir a la escuela y recién promediando la pandemia pudimos instalar una antena de internet rural, que nos posibilitó que los chicos pudieran retomar o hacer clases por WhatsApp, Zoom o alguna plataforma a las que no teníamos acceso hasta ahora, en esas cosas sí se sintió el aislamiento. 

Después, parte de la vida rural de por sí es más aislada. Acá hace dos años cerro la pulpería, el almacén que había donde antes los compañeros jugaban a las cartas quizás. Entonces el aislamiento, la poca vida y la escasa interacción que hay también es una forma de ir despoblando el campo, por eso cuando hablamos de arraigo tiene que ver con que las condiciones de vida sean favorables para los que nos queramos quedar en el campo ¿no? y no es solo la cuestión material si no poder desarrollarse integralmente. Acá para ir a comprarte un paquete de yerba tenés que hacer 20 km ¿me entendés? O sea, no hay un almacén porque cerró. La escuela lo mismo, había una escuelita primaria de multigrado que está cerrada desde antes que nosotros viniéramos, creo que como hace 15 años. Nuestra idea es aportar un granito de arena al menos en esta zona, de poder llevar una vida digna en el territorio. Antes, la vida que había en esta zona era mucho mayor que la que hay ahora, que se van a Las Armas, o van de Las Armas a Maipú, o a poblar Mar del Plata y a concentrarse en las ciudades, en barrios precarios y trabajar de lo que venga.

Por eso es importante generar alguna otra cuestión, de que haya otra manera de hacer las cosas, otra manera de vivir. De ahí la importancia de proponer algo alternativo a eso, sobre todo en la producción. Acá no hay productores familiares, se les hace inviable; ni si quiera el que tiene 100 o 200 hectáreas que las arrienda porque no ve otra posibilidad. A nosotros nos vienen a comprar la leche fresca los compañeros que trabajan en el campo, ni siquiera tienen para ellos un par de vaquitas para el consumo, no hacen huerta, no crían pollos… porque los patrones no les dejan ¿viste? Es imperioso que se dé el debate y discutir esas cuestiones con ellos y también en el pueblo que es a quien debemos abastecer de alimentos.

Este es un distrito rural pero no produce los alimentos para Maipú, para las 10 mil personas que viven allí, y que lo harían con poca tierra. Capaz que con 50 ha con producción de huerta, de chacra mixta sería posible. Antes había alrededor de 15 tambos en el distrito, más grandes o más chicos, hoy no hay ninguno. Las pocas vacas lecheras que hay, alguna las tenemos nosotros y otras un vecino que está arrancando recién. Hoy la leche para Maipú capaz que viene desde Rafaela ¿viste? y va hasta Gral. Rodríguez a pasteurizarse y viaja hasta acá. Lo mismo con la carne que se produce acá, seguramente va a un matadero a Mar del Plata o a Buenos Aires y después vuelve como carne, o sea, no hay una producción local de alimentos siendo un distrito netamente rural. Nosotros de a poco vamos orientados a generar una experiencia que ponga en discusión esa situación.

Hqn: ¿Desde la colonia podrían ser parte de esa producción local que dé abasto a los pueblos cercanos?

EG: Mirá, obviamente nuestra primera acción fue empezar a consumir lo que nosotros producíamos, después ya hace un tiempo que estamos vendiendo parte de la producción, que de hecho casi que nos la sacan de las manos, porque es fresca, además de que nosotros producimos sin químicos y la gente eso lo valora mucho.

Por ahora no tenemos ningún tipo de apoyo del Estado y la producción sigue siendo baja como para abastecer al pueblo. Pero lo que sí podemos decir, es que somos de los pocos que producimos alimentos para Maipú. Todo el resto de los alimentos viene de afuera, y hay mucha gente que eso lo valora y por eso nos apoya. Nosotros producimos verduras de estación y mucha gente consume, pero de ahí a abastecer con la producción todo el consumo local obviamente que nos falta mucho.

La idea es transformar eso en unidades productivas que generen el sustento diario de los compañeros y las compañeras que trabajamos en la Colonia. Hoy buena parte de los ingresos que percibimos son ingresos sociales que tienen que ver con la organización, y para poder conformar un ingreso del cual vivir dignamente, necesitamos poder aumentar la escala, tener acceso a créditos, a maquinas, herramientas y equipamiento que hagan más eficiente nuestro laburo como para aumentar la productividad.

En ese proceso estamos organizándonos, armando proyectos y buscando el financiamiento que nos permita ir generando el desarrollo de esas unidades productivas. 

No queremos seguir dependiendo de un ingreso social para vivir, lo que no está mal para comenzar, pero la dignidad que da el trabajo es lo que buscamos construir. Como decimos, la idea es pasar del programa social al trabajo. Obviamente que eso no sucede de un día para el otro, pero esa es la orientación que nos supimos dar como organización parte del Movimiento Nacional Campesino Indígena, del Frente Agrario Evita y de la UTEP. 

Hqn: Nos parece muy importante esta idea de poder ampliar la escala productiva para poder comercializar y generar ingresos. ¿Qué otros alimentos están produciendo? 

EG: Además de las verduras de estación, de la huerta, producimos miel y después lo que tiene que ver con los lácteos, producimos leche fresca, quesos, dulce de leche. También tenemos pollos de campo, que son pollos criados a piso, no es que crece a pasto únicamente, sino también con alimento balanceado, pero no es una producción como las de tipo intensiva, si no más libre digamos. Otra cosa que hacemos en la cooperativa es producir leña, de las veinte hectáreas del predio, hay dos que son monte, un monte implantado donde hacemos aprovechamiento de postes o leña, que también comercializamos. Tenemos algunas otras producciones de tipo familiar, como corderos para el auto consumo y huevos que también alcanza para comprarnos entre nosotros. Por ahora hay más diversidad que volumen en nuestra producción. Por eso precisamos aumentar la escala y el volumen.

La forma de comercializar es variada, algunos vienen a comprar acá directamente, sobre todo los que son de la zona rural o los que son del pueblo que aprovechan para hacer un paseo. Después hacemos venta casa por casa y ahora, y algunos vecinos están armando grupos de consumidores para compras comunitarias. También estamos atendiendo un merendero en Maipú y otro en Las Armas, donde también la gente va a retirar pedidos, bolsones de verdura o los otros productos. Esos son los canales que estamos manteniendo por ahora.

Hqn: Ustedes también abastecen o proveen a comedores comunitarios y merenderos…

EG: Sí. Por ejemplo, en Mar del Plata, hay un programa Provincial que es para el complemento de las meriendas, a través del cual entregan fondos a las organizaciones para sostener esos merenderos y entre las muchas organizaciones que trabajan en barrios populares y parte de su trabajo lo realizan a través de comedores, los compañeros del Movimiento Evita de Mar del Plata nos compran verduras y pollos para once comedores y merenderos que sostienen allí. Ahí también tenemos una venta asegurada que nos permite planificar la producción y nos garantiza un ingreso regular. 

Hqn: Bueno, todas estas cuestiones serían posibles o se espera que puedan ser apoyadas desde diferentes programas de incentivo a la producción…

EG: Sí, nosotros pensamos que con muy poco hicimos mucho, en el sentido de que pudimos sostenernos y empezar a darle un perfil productivo a este lugar y a proyectar hacia adelante. Creemos que, con un poco de apoyo e incentivos vamos a poder concretar muchas cosas más, tanto nosotros como la gente que se vaya sumando y aportando a todo esto. Así que claramente la perspectiva es esa. Hoy ya es otro el ánimo y las posibilidades que se van abriendo. Por eso también hay más trabajo y más proyectos. Ahora, por ejemplo, hay un proyecto de que el tambo pase a ser un tambo familiar, en el sentido de que una familia que produzca y que trabaje allí, pueda hacerlo con una escala que les permita sostenerse y vivir dignamente. Que ese grupo familiar pueda hacer la parte que se industrializa la leche, el proceso de pasteurización y ensachetado, para poder comercializarla. También tenemos un proyecto de gallinas ponedoras, que consiste en implementar unos carros de pastoreo donde las gallinas puedan ir rotando. Es un sistema de gallinero móvil donde cada carro que puede llevar aproximadamente 250 gallinas que pueden seguir la rotación de pastoreo del ganado, y eso genera un bienestar para el suelo en su regeneración, ya que las gallinas se alimentan con insectos que para las vacas son parásitos y a la vez sus heces fertilizan el campo.

Hqn: ¿Cómo están perfilando este tipo de proyectos tras 4 años de ausencia total de políticas para el sector de la Agricultura Familiar Campesina e Indígena?

EG: Bueno, obviamente que consideramos positivo el hecho de que se haya logrado revalorizar la Secretaria de Agricultura Familiar Campesina e Indígena (SAFCI) que se había desmantelado y desfinanciado prácticamente, vuelve a tomar rango e institucionalidad y lo que falta hoy es presupuesto acorde para poder promover las políticas que son necesarias y urgentes para el desarrollo de los campesinos y agricultores familiares, los pescadores artesanales, en fin a todos los sujetos productivos que componen este sector.

La misma jerarquización se tiene que lograr con las políticas de desarrollo social, ya que si bien somos considerados trabajadores de la economía popular, nos dejan para los ministerios con programas de asistencia. No estamos considerados en las carteras de Economía o Trabajo como si no fuéramos un sujeto productivo. Por eso también tenemos que dar la discusión de tener una política de desarrollo y no sólo de asistencia a la pobreza, lo que nos mantiene en la marginalidad y nos impide el desarrollo como actores productivos que somos.

Por ahora mínimamente vamos siendo reconocidos, con políticas como el «Potenciar Trabajo» y el Registro de Trabajadores de la Economía Popular (RENATEP) que buscan visibilizar al sector, que tenga reconocimiento como sujeto productivo y a partir de ahí se diseñen y ejecuten políticas públicas más adecuadas y potentes para el sector. Así se van configurando instituciones que tienen que ver con el apoyo a la pequeña producción rural.   

Pero también hay que tener en cuenta que venimos de un proceso que desmanteló el Estado por lo cual lleva tiempo esta recomposición en todo sentido ¿no? Las expectativas de lograrlo están, también el crecimiento de las organizaciones populares durante estos últimos años, estas últimas décadas, hace que nosotros también hoy estemos siendo parte del gobierno o mínimamente tomados en cuenta al momento de definir ciertas políticas.  Esto para el conjunto de las organizaciones populares es muy importante me parece. Hoy nuestro planteo principal es “Tierra Techo y Trabajo”, acompañado en concreto por la necesidad de ir descomprimiendo la precariedad y el hacinamiento de las grandes ciudades, o visto desde otro lado, favoreciendo el repoblamiento rural como una política activa que es común para el conjunto de los movimientos, más allá de las particularidades y de las propuestas que podamos llegar a tener.

Esto nos da la fuerza como para plantear los grandes temas en conjunto y exigir al Estado que tome iniciativas hacia estas cuestiones. Quizás como organizaciones nacimos pidiendo un colchón, un bolsón de comida (que hoy sigue siendo necesario para una gran parte de la población) pero también vamos perfilando un programa que va haciendo que se generen políticas que apunten a un cambio más estructural digamos, o por lo menos ir hacia eso. Y desde el Estado se van modificando algunas cosas, pero también desde las organizaciones vamos construyendo más unidad como es la UTEP, o el vínculo con los sindicatos de los trabajadores formales que, bueno, nos van encontrando unidos para exigir sea cual sea al gobierno que tome medidas en función de los intereses de los trabajadores. 

Eso es también un elemento a ponderar, porque no es solo un Estado que toma otro rumbo, si no el conjunto de las organizaciones que tiene otra fuerza para plantear sus demandas. Porque, aunque un Estado o Gobierno quiera, si no hay un pueblo organizado no se avanza. En eso estamos.

Colonia Ferrari, Las Armas – Maipú (BsAs), diciembre de 2020

Entrevistó Leandro Suar

 

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