Coronel Suárez, otro pueblo donde se resiste la impunidad del agronegocio

Coronel Suárez se encuentra en el centro-sur de la provincia de Buenos Aires, a 140km de Bahía Blanca. Allí, como en tantos pueblos y ciudades con fuerte inserción de la agroindustria, vecinos y vecinas formaron en 2015 la asociación Evolución Ambinetal (EA) “para visibilizar los problemas ambientales de Coronel Suárez”.

Con ellos conversamos: “Hace exactamente un año presentamos un proyecto sobre uso de agrotóxicos para el partido, que no tiene ordenanza”. El mismo estuvo 8 meses “dormido” y durante todo ese tiempo realizamos una cantidad muy importante de actividades: charlas, intervenciones en las sesiones del Concejo Deliberante con barbijos, en las plazas… Y asambleas abiertas en la plaza cada jueves antes de las sesiones para impulsarlo.”

El proyecto de las y los vecinos

La elaboración del proyecto de ordenanza presentado por Evolución Ambiental llevó un trabajo importante. “Nos reunimos durante bastante tiempo a analizar todas las ordenanzas que pudimos, y armamos un proyecto que nos parecía apropiado para nuestra región. Ese texto lo hicimos revisar por los abogados Marcos Filardi (de la Red de Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria) y por Juan Ignacio Pereyra (de la RENAMA) que hicieron correcciones técnicas.”

Ese proyecto de ser aprobado, establece distancias de protección de agrotóxicos de 600 metros del ejido urbano y sumando 100 metros por año hasta llegar a los 1.000; 3000 metros para fumigaciones aéreas, y cláusulas de resguardo para cursos de agua y escuelas rurales. Un ardenanza “modelo” sostienen, pero que duerme el sueño de los justos en algún cajón del Concejo Deliberante local.

Un partido, entonces en la oposición, retomó el proyecto y con algunas modificaciones lo volvió a presentar junto a EA, pero volvió a ser demorado hasta ahora…

El manotazo

“Ayer nos enteramos que el Colegio de Ingenieros Agrónomos, la Sociedad Rural, junto al PRO, la Coalición Cívica y el partido vecinalista Movimiento para la Victoria, presentaron un proyecto propio que establece distancias de apenas 50 metros de resguardo”, denuncian desde Evolución Ambiental. Al momento de estas líneas el radicalismo se oponía. Continúan: “El presidente del concejo deliberante (José Echegaray) tiene un depósito ilegal de agroquímicos (sin habilitación municipal), el concejal que presentó el proyecto (Javier Roth) es su socio y también tiene un depósito ilegal de agroquímicos. Varios concejales q acompañan la movida tienen campos lindantes al pueblo (como el propio Roth y el concejal Alberto Fernandez), algunos incluso con denuncias de vecinos por las fumigaciones.”

Planean aprobarlo en la sesión del jueves 28 de noviembre, última del año; y justo antes del cambio de gestión en el partido después de las elecciones de octubre (de Cambiemos al Movimiento para la Victoria que ganó bajo el paraguas del Frente de Todos)

Fuentes legislativas confirmaron que no hay antecedentes en el concejo deliberante de que existiendo un proyecto con estado parlamentario y tratamiento en comisiones, se presente otro sobre el mismo asunto, y este sea sometido a votación sobre tablas pocos días después. Si bien sostienen que la ordenanza que buscan aprobar sería “transitoria”, desde la asamblea han corroborado que esa transitoriedad sería “para siempre”.

El intendente electo, Ricardo Moccero, durante la campaña se comprometió públicamente a “desarrollar la agroecología” incluso en sus propios campos.

Hay alternativas

Lo que sucede en Coronel Suárez no es una excepción. La organización de vecinos y vecinas reclamando la defensa de la salud y el ambiente, deja en evidencia el entramado oscuro en el que se hilvanan los poderes fácticos de cada territorio alrededor de sostener un modelo agropecuario que viola sistemáticamente derechos consagrados que deberían ser amparados por los poderes del Estado.

Si hace unos años el reclamo de vecinos como el que sostiene Evolución Ambiental en Coronel Suárez era estigmatizado (casi como cosa de “locos”), la explosión de enfermedades no transmisibles en los pueblos fumigados han dado vuelta la balanza y hoy son los defensores del agronegocio los que reciben las miradas que los responsabilizan por la contaminación y la enfermedad.

Para salir de este aparente dilema es necesario abrir con seriedad el debate sobre el modelo agropecuario y explorar el enorme abanico productivo que el discurso único oculta. La agroecología vienen sumando miles de hectáreas en todo el país. La FAO la impulsa, y hasta el INTA tiene importantes desarrollos para ofrecer demostrando no sólo su viabilidad productiva sino mucho mejores márgenes de rentabilidad en comparación al agronegocio, que esclaviza a los productores con insumos dolarizados.

Ojalá que la movilización de vecinos y productores impida que un puñado de oscuros personajes con conflicto de intereses violenten las instituciones democráticas en Coronel Suárez para beneficio propio y en detrimento de la salud de todos y todas. Avanzar en otro sentido no sólo es necesario, sino que absolutamente posible.

27 de noviembre de 2019

10mo Encuentro de Pueblos Fumigados y 2do de Agroecología de Buenos Aires – marzo 2019, Bolívar

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