El grito

 

El grito son esas emisiones sonoras con las que se representa el pavor. Es lo que dicen que escucharon los vecinos en la casa de al lado la noche del femicidio.

El grito se emite ante los golpes y estocadas, ante el terror a la violencia machista que, en lo que va del año, se ha traducido en 54 femicidios y 2 travesticidios. La media: un femicidio cada 26 horas.

“Estoy acá por vos” decían los familiares de las víctimas organizades que marchaban cargando sus fotos, mostrando sus rostros, nombrándolas.

El grito es también el sollozo rugiente. Puede ser por rabia, esa que sentimos al ser violentadas por ser mujeres. La rabia el grito se lo lleva el viento (diría Silvio). Pero este es un grito de fuerza con el que se ponen en la palestra las reivindicaciones históricas, las de todas juntas, por ejemplo, las de  tipo laboral: igual salario por igual tarea, eliminación del acoso sexual en el trabajo, equiparación de las licencias materno-paternales, implementación del cupo laboral trans, entre otras.

Por eso, gritamos contra las reformas precarizantes –la laboral y la previsional-, y contra este contexto general de ajuste, que afecta particularmente a las mujeres, trasvestis, trans e identidades no binaries.

También, es un grito con el que denunciamos los casos más recientes en que se ha negado el derecho a la interrupción legal del embarazo (ILE) a niñas, en un recorrido por el sistema de salud que sólo puede ser descrito como tortura. Esos casos obligan a exigir con más fuerza aborto legal, seguro y gratuito. En el hospital o en cualquier lugar ¡No a la profundización de un modelo que exige maternidad sobre cuerpos que no lo desean! ¿Cómo puede ser que el Ministerio de Desarrollo Social al financie una “red nacional de acompañamiento a la mujer con embarazo vulnerable” de grupos provida y diputados de Cambiemos y de la Coalición Cívica? Ninguna línea telefónica 0800 va a hacer que ese embarazo no sea vulnerable, porque el cuerpo gestante está siendo vulnerado desde el principio ¡Quitame lo que me puso el viejo!  Gritamos todes. Sí, todes, porque también disputamos el lenguaje que fija la cultura patriarcal ¿Y todo ello por qué? Porque se lo debemos a las pibas, a todas las pibas que nunca volvieron, para que no suceda nunca más.

Pero el grito también puede ser de alegría. Un chillido de emoción porque estamos juntas, porque somos miles las que ocupamos las calles con el verde y el violeta.

¡Somos miles y diversas! Migrantes (quien les escribe) y originarias, lesbianas, travestis. trans, bisexuales, no binaries, gordes e intersex.

Es que nuestras luchas son muy amplias,  cuando reclamamos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y sobre nuestros territorios, expulsando al extractivismo y a la violencia de Estado, ambos sinónimos de patriarcado.

En los carteles denunciamos: “La pornografía es la teoría, la violación, es la práctica”, “fuera capacitismo del feminismo” (en alusión a la forma de discriminación a las personas con diversidad funcional) “libres y vivas nos queremos” y el que estuvo más presente “niñas, no madres”. Este último sostenido por niñas de 8, de 10 años que marchaban de la mano de sus madres, tías y abuelas.

Pero en los carteles, también escribimos como queremos que sea el porvenir y eso lo escribimos con mayúsculas. Nos parece que va a ser hermoso.

Hermoso porque desbordamos las calles en este Tercer Paro Feminista y Plurinacional. La marcha debía ocupar Avenida de Mayo, hito geográfico de la historia latinoamericana por la que transitan los discursos, la bronca, el hastío, los ideales y la esperanza. Pero esta vez la avenida estaba desbordada. Al final, toda la tarde y todo el centro fue una gran marcha. Las conurbanas caminando en bloques desde Constitución y las concentraciones de las distintas organizaciones y colectivos o colectivas, ocupando varias cuadras en la 9 de julio y en torno al Congreso.

Hermoso, porque de repente, me veo rodeada de pibas, ninguna tiene más de 20 años. Algunas deben tener 17. Más adelante, un grupito de unas chicas de 13 o 14 años. Cumplen con todos los rituales: pañuelo verde amarrado en la muñeca y glitter en la cara. El patriarcado está rodeado y nuestras luchas son incontenibles, somos una ola. De vuelta me pongo a pensar en eso que llaman futuro, en las posibilidades que se abren con estas pibas construyendo el mundo y no logro imaginarlo. Seguro pinta hermoso

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