Gatillo Fácil: Sostener la memoria y reclamar justicia

En tiempo donde las máximas autoridades del Estado aplauden y apañan asesinos en las fuerzas de “seguridad” las muertes de pobres y jóvenes no paran de suceder. Por eso el martes 27 se realizó la 5ta Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil. En la Capital, después de marchar desde el Congreso hasta la puerta de la Plaza de Mayo, se armó un escenario y tras la lectura de un documento, los distintos familiares de pibes y pibas asesinados por el Estado en democracia fueron haciendo uso de la palabra.

Es tremendo… Aún entre la parte de la población a la que estas muertes no nos son indiferentes, y reconocemos que en cualquiera de esas pancartas hechas a mano con una foto, o en los banners que cada familia armó, podría estar el rostro de nuestro pibe, de nuestro hermana, o viejo; la vorágine cotidiana, con los quilombos de cada uno, y la catarata de noticias, hacen que los nombres se nos pierdan. Siempre está apareciendo un nombre nuevo, una localidad, una reconstrucción y la historia de una familia. Es imposible no sólo sostener toda esa información, sino sobre todo paladear ese cúmulo enorme de dolor.

Sostener la memoria y el reclamo de justicia es una tarea titánica en la que el tiempo nos juega en contra. Quizá en parte por eso conmovía tanto la fortaleza y las palabras apuradas de esos familiares que saben que compartir el nombre del que nos arrebataron y denunciar a un asesino no es una posibilidad que tengamos siempre. Y hay que aprovecharla con todo.

Madres humildes, padres humildes. Humildes arriba y abajo del escenario; señalando al poder asesino que carga las armas de tantos policías y gendarmes que en un segundo nos destruyen la vida. Ese momento de micrófono, apenas unos minutos para decir un nombre (una vez más, siempre) y contar lo que pasó señalando al hdrmy culpable que lo mató, es de una trascendencia difícil de dimensionar. Por eso los sollozos se aguantaban como se podía, por eso la mano amiga acariciaba la espalda de la que hablaba, por eso el silencio de los miles movilizados.

Más allá del círculo más íntimo, el nombre de quién perdimos se va perdiendo… el mundo sigue, y nosotros quedamos estaqueados en un dolor que sin dudas no tiene remedio, pero que se vuelve enloquecedor por la impunidad. El mérito, quizá no del todo valorado, de los espacios de familiares y organizaciones de derechos humanos sea dar ese oxígeno; un respiro, un hombro, un abrazo ante tanta soledad y prepotencia. Una mano compañera que nos salva la vida… y nos permite seguir luchando para tener justicia.

Fuera Bullrich!

Fuera Macri!

Buenos Aires, 28 de agosto de 2019

 

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