“La pregunta sobre el modelo alimentario que queremos para el futuro está en el “quién”: ¿quién nos va a alimentar?” – Marcos Filardi

El sábado 14 de septiembre la compañerada de Ambiente Saludable San Andrés de Giles organizó la charla “Agricultura para el Futuro” y convocó a Marcos Filardi, Gustavo Villa y Rodrigo Castro a aportar elementos para un diálogo donde participamos vecinas, productores, docentes, consumidores urbanos, medios, y que se extendió enriquecedoramente por algunas horas. Un tiempito antes nos hicimos un espacio para conversar con algunos de los expositores. Vamos con Marcos…

 

Huerquen: Bueno para empezar contanos quién sos, a qué te dedicás, y de qué espacios formas parte.

Soy Marcos Filardi, abogado de Derechos Humanos y Soberanía Alimentaria, integro la red de cátedras libres de soberanía alimentaria (particularmente la de la escuela de nutrición de la UBA), del Museo del Hambre y de la Red de Abogados y Abogadas por la Soberanía Alimentaria.

Hqn: Parece de locos tener que preguntárnoslo pero a la luz de los hechos parece que no está claro ¿Qué relación hay entre el modelo productivo y el derecho a la alimentación?

MF: El modelo agroindustrial dominante, nosotros decimos que es violatorio entre otros derechos humanos, del derecho a la alimentación adecuada. Básicamente es un modelo que viene a prometer que es necesario producir de determinada manera para alimentar a todo el mundo y viene siendo todo lo contrario. No solamente no alimenta al mundo como proclama sino que tampoco es capaz de alimentar a nuestra propia población; venimos de la reciente aprobación de la Emergencia Alimentaria en nuestro país. No solamente no alimenta a nadie sino que a eso le suma otras problemáticas: por ejemplo el incremento de las enfermedades crónicas no transmisibles vinculadas al modelo industrial con su paquete tóxico dependiente, y también a los objetos comestibles que este modelo nos está ofreciendo.

El derecho a la alimentación adecuada es el derecho que tenemos a tener acceso regular, permanente y libre a una alimentación adecuada o a los medios para obtenerla; que nos permita tener una vida libre de angustias, satisfactoria, saludable y digna. Es importante saber que ese derecho humano en nuestro país tiene reconocimiento normativo en la propia Constitución Nacional. Por eso decimos que es una modelo violatorio de nuestras propia constitución. Ese derecho humano tiene cuatro componentes. Disponibilidad: que haya alimentos suficientes para atender las necesidades alimentarias de toda la población; Accesibilidad tanto física como económico, o sea que los alimentos puedan trasladarse de donde son producidos adonde están las personas que los necesitan consumirlos pero también que podamos acceder económicamente a ellos o a los medios necesarios para producirlos. Lo tercero es la Adecuación, que no se trata de llenar estómagos con cualquier cosa sino que los alimentos tienen que ser cuantitativamente adecuados (la cantidad suficiente), cualitativamente adecuados, libres de sustancias nocivas que puedan dañar nuestra salud, y finalmente culturalmente adecuados, que se correspondan a las tradiciones culturales a las que pertenecemos como comensales. Por último está el cuarto elemento que es el de la Sustentabilidad, que la posibilidad nuestra de alimentarnos no ponga en riesgo la posibilidad de nuestros hijos y nietos de seguir teniendo alimentos sanos a futuro.
Cuando vemos esos cuatro elementos en nuestro país, disponibilidad, accesibilidad, adecuación y sustentabilidad están seriamente comprometidos. El derecho humano a la alimentación adecuada, con este modelo de producción agroindustrial dominante está seriamente violado en todos sus aspectos.

“Agricultura para el Futuro” – San Andrés de Giles

Hqn: ¿Por qué al hablar de «la agricultura del futuro» hablamos de agroecología?

MF: Bueno, justamente porque nosotros entendemos que otro modelo de producir nuestros alimentos no solo que es necesario, urgente y posible sino que ya lo estamos intentando construir en nuestros territorios. Y genéricamente recibe el nombre de Agroecología no? Es decir, estamos usando un nombre genérico para referirnos a distintos modos de existir en el territorio que nos permitan, entre otras cosas, producir nuestros alimentos en armonía con la naturaleza de la que somos parte y con los otros seres humanos. Ese modelo de la agroecología que está creciendo a pasos agigantados, también va a entrar en conflicto con una nueva cara (decimos) del modelo agroindustrial dominante porque ya está virando. Entonces hoy es central que discutamos qué tipo de agroecología. Mejor dicho: de qué hablamos cuando hablamos de agroecología. ¿Es una mera sustitución de insumos? Entonces, ¿basta con que yo reemplace el paquete de síntesis química por productos de origen biológico para decir que estamos en presencia de agroecología?, o en realidad estamos pensando en otra cosa. Por eso hablo de estos modos de existir, de concebir nuestro rol en esa relación con la naturaleza que va mucho más allá de una mera sustitución de insumos. La pregunta clave para dirimir qué modelo alimentario nos queremos dar a futuro es el “quién”: ¿quién nos va a alimentar? ¿Nos va a alimentar un pool de siembra quizá recurriendo a productos de origen biológico, la agricultura digital, a la maquinaria auto-tripulada, a las últimas tecnologías de la revolución 4.0? o ¿nos va a alimentar la red campesino-indígena, la agricultura familiar en los territorios, enhebrando el tejido rural con el tejido urbano? Ese es el debate clave para mí. La pregunta que nos tenemos que hacer es “quién”, no tanto “qué” ni el “cómo” porque claramente tenemos señales de que los grandes capitales están virando a una masiva sustitución biológica, a una agricultura digital… sino el quién, enfatizar que es necesario que nuestros alimentos sigan siendo producidos por la pequeña agricultura familiar, campesina, indígena, por los pescadores artesanales, por los pastores tradicionales; o sea una agroecología de base campesina al servicio de la soberanía alimentaria.

Hqn: En este sentido ¿qué experiencias te gustaría destacar? Sean de iniciativas políticas concretas como de las articulaciones que construimos los movimientos.

MF: Si. Efectivamente la lucha colectiva, y voy a subrayar eso de colectiva, por el soberanía alimentaria con todos sus componentes: la lucha por la agroecología de base campesina, la lucha por otro modelo de distribución, la lucha por reconceptualizar a la alimentación no como mercancía sino como un verdadero derecho humano y también repensar nuestra relación con los bienes comunes naturales; es una lucha que se viene dando de abajo hacia arriba. Quién ha contribuido con este paradigma revolucionario y transformador son los movimientos campesinos, son los movimientos sociales. Ese es el origen: fue La Vía Campesina la que aportó al mundo este paradigma revolucionario de la soberanía alimentaria. Y como todo movimiento que va de abajo hacia arriba que va cruzando una trama colectiva lleva tiempo, porque va de la mano de la concientización pública, de la mano del tejido de redes cada vez más fuertes, cada vez más entrelazadas entre sí; y hoy lo que vemos es que empieza a tener algunas expresiones a nivel de los poderes locales. Entonces como justamente ese calor que viene de abajo hacia arriba hoy tenemos algunos gobierno municipales que están reaccionando a esas demandas sociales de manera interesante; un ejemplo es el del Plan de Alimentación Sana, Segura y Soberana (PASSS) de Gualeguaychú. Donde al clamor de “basta de cáncer”, salgamos a las calles porque no toleramos que ninguna niña más de nuestra localidad sea derivada al Garraham por cáncer, necesitamos otras políticas públicas. Y entonces el gobierno municipal reacciona a esa demanda popular, persistente, constante, organizada, y no sólo avanza en la prohibición del glifosato (al día de hoy mantiene la prohibición del glifosato más amplia de todo el país) y avanza en la restricción del resto de los agrotóxicos (no sólo el glifosato), sino que ha dado un pasito más allá y ha dicho queremos construir otro sistema agroalimentario, verdaderamente alimentario, en nuestros territorios; y vamos a promover desde las políticas públicas una transición agroecológica. Hoy estamos acá pero en 20 años queremos estar allá, y para eso vamos a transitar el camino con políticas públicas activas desde el municipio. No es la única experiencia, podemos mencionar algunas políticas públicas interesantes en Mercedes, en Chabas, en Guaminí y todos los municipios que están adhiriendo a la Red de municipios y comunidades que fomentan la agroecología (RENAMA) que empiezan a dar pasos significativos en ese sentido. Y ni que hablar si hablamos de las reivindicaciones de los movimientos sociales y campesinos, un evento que no dudamos de calificar de histórico que es el Foro Agrario. Por primera vez en muchos años en nuestro país todas las organizaciones campesinas, en alianza con organizaciones urbanas y ambientales, se dan cita para pensar por primera vez colectivamente un programa agrario popular y soberano. Es decir 21 puntos de demandas de exigencias de políticas públicas, venga quién venga, al gobierno que venga, políticas públicas que efectivamente propendan a la construcción de otro sistema alimentario basado en la agroecología de base campesina y la soberanía alimentaria.

San Andrés de Giles, 14 de septiembre de 2019

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