Los Pueblos Fumigados de Buenos Aires

Vivimos en un país fumigado. El agronegocio implica el uso masivo de agrotóxicos: alrededor de 350 millones de litros por año. Hoy el 60% de nuestra superficie cultivable está ocupada por transgénicos, y cada año las dosis de venenos aplicados por hectárea aumenta: en los 20 años desde la aprobación del primer “evento” transgénico (la Soja RR de Monsanto) la superficie cultivada aumentó alrededor del 30% mientras que el uso de agrotóxicos lo hizo cerca del 900%, eso significa más y más veneno por hectárea cada campaña. Naturalmente esa mayor liberación de venenos impacta sobre el ambiente, y dentro de él, en las poblaciones cercanas a los campos fumigados.

También llega a las grandes ciudades a través de la industria alimentaria, que utiliza derivados de la soja y el maíz en prácticamente todo. Se han encontrado restos de venenos en donde menos te lo imagines: algodón, isopos, toallitas femeninas, miel, cerveza, y cada uno de los productos que contienen derivados de la soja y el maíz (hamburguesas, snacks, salchichas, gaseosas, chocolates, etc). Llegamos a tal punto que se encontraron restos de glifosato (el herbicida estrella, de mayor uso mundial) en la leche materna…

Los problemas de salud han cambiado: a medida que avanzan los transgénicos y los venenos, aumentan los casos de cáncer, problemas de tiroides, los abortos espontáneos, los nacimientos con malformaciones y otros. Los estudios que dan cuenta de esta relación no tardaron en aparecer de la mano de investigadores independientes, desmintiendo la supuesta “inocuidad” y “ausencia de riesgos para la salud” que argumentan las corporaciones que los producen y venden. Muchos de esos investigadores han sido perseguidos y hostigados por el lobby transgénico que opera con fuerza desde muchas esferas.

Pero desde hace años los Pueblos Fumigados de todo el país se vienen organizando para alertar a la población y reclamar a los poderes del Estado que respeten su derecho a la salud y a la vida. En Buenos Aires, Santa Fé, Entre Ríos o Córdoba entre otras, llevan ya varios años de lucha y movilización que han ha logrado vencer las barreras del silencio mediático y de la distancia geográfica para instalar este debate como un problema de todxs.

Tenemos alternativas. Cada vez más, los productores del campo y los consumidores de la ciudad, nos enredamos para poder acceder a alimentos sanos a precios justos. Es posible: hoy mismo hay miles de hectáreas donde se produce desde otros paradigmas. Además de alimentarnos, la #Agroecología nos abre el camino a otra forma de estar en este mundo. Hay mucho para hacer. Manos a la obra.

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