“Este tipo de comercialización, de producción y de consumo es una forma de soberanía alimentaria” – 2da parte

Conversamos con Valeria, María y Lalo de la Cooperativa Iriarte Verde.

En las grandes ciudades, en los “ambientes modernos y globalizados”, nos han convencido de que la velocidad y la simplificación de todo es un valor en sí mismo; hacer un trámite o cenar en familia caen en la misma picadora de carne que transforma nuestros días en una secuencia que transitamos; de la que perdemos todo control y cercanía sensible. Andamos. Trabajar, comprar y consumir hasta el fondo de cada ingreso, y de nuevo.

De todo eso a lo que dejamos de prestarle atención y presencia el mercado se encarga… a los modos del mercado. Así, por ejemplo, nos encandilaron con los beneficios de los alimentos ultra procesados frente a la comida “de siempre”; y no fue hasta la explosión de enfermedades de todo tipo que encendimos alarmas para descubrir a un mono con navaja al mando del titanic. Nos atrajo el marketing, nos chamuyó el targgeting, nos sedujo el packaging, y terminamos aturdidos bajo una campana que no para de hacer ting ting ting… como nuestros teléfonos.

Ese delegar en el mercado cosas tan básicas nos ha costado carísimo… no sólo en términos de dinero (que también!) sino de salud, de conocimiento, de posibilidad de ampliar posibilidades.

 ¿Cómo se desanda este camino? Empezando en algún lugar. Elegimos un bocado, y nos juntamos con quienes tienen mucho que contarnos al respecto


Hqn: Con los Verdurazos de la Agricultura Familiar y Campesina se puso el foco sobre el rol del intermediario, poniendo en evidencia que al productor se les paga miseria y que a los consumidores se les cobra mucho. ¿Cómo piensan ustedes su rol en este contexto?

Lalo: Para mí “intermediario” es un término bastante duro, o en particular lo sentimos así, pero porque está asociado a la lógica del capitalismo más explícito. Por eso nosotros cuando hablamos de este rol nos referimos a la intermediación pero desde un lugar en el que tratamos de combatir esa lógica de explotación. Yo me defino como un facilitador de consumo de producciones libres de explotación, de producciones provenientes desde un lugar distinto, por eso siempre hablamos de la otra economía que es parte de esto. El productor (y esto lo defendí siempre) es productor y necesita que su producción se venda para poder seguir trabajando. Entonces, yo creo que nosotros nos convertimos junto con un montón de organizaciones, en agentes de visibilización de ese pequeño productor que estaba totalmente a merced del mercado o ignorado por la economía hegemónica. Por eso para nosotros era muy duro e injusto al principio que mencionen a Iriarte Verde como intermediario porque en realidad era una facilitación de un rol que los productores no podían cumplir porque el productor es productor y a veces, comprometer al productor a que sea vendedor también es un rol que no siempre puede cumplir.

María: Se ha discutido en los encuentros de economía social esto del rol de “intermediario”, que en realidad yo no lo llamaría intermediario, directamente. Porque dentro de lo que es la cadena de supermercados, por ejemplo, ellos te pagan de acá a 60, 80 días, no respetan el precio que vos le ponés. Yo lo digo por nosotros también, ya que nos han traído propuestas de ir a vender a un supermercado y te pagan a largo plazo, no te aseguran el precio, tenés que ir a llevarle vos las cosas… como que tienen un nivel superior, ¿viste? Nosotros lo que buscamos primero, es apreciar el alimento y el producto en el caso en el que sea transformado. Y consumirlo, o sea, estar convencidos y tener confianza de lo que estamos ofreciendo. Segundo: saber que a esos alimentos podemos transformarlos y generar una fuente de trabajo y lo estamos haciendo. Tercero: saber que si hablamos de precios, éste se establece porque se sugiere, porque nos ponemos de acuerdo. Es una relación diferente. No hay un “endeudáte” o “yo te voy a pagar tanto”, por imposición del poder. Y después, en el tema de los pagos, el productor te dice “mirá, yo vivo de mi caja corriente, así que si yo te entrego, vos me tenés que pagar”. Y eso se entiende. Otra cosa es el yerbatero, que por ejemplo vende a otros, y te dice “che, bueno hasta en 30, 60 días te aguanto”. Esto es establecer una relación con ese otro. No digo que sea horizontal y perfecta, sino que en ese diálogo con ese otro podamos entendernos, que sea más una relación de iguales, que haya un ida y vuelta. Entenderse en las necesidades. Por eso es que cuando sale “intermediarios” a veces pasa que el mismo consumidor te dice “ah, no, porque vos comercializás”, como que se ofenden. Y en realidad van a una góndola y ni saben lo que están comprando. Yo acá te puedo contar todo sobre el alimento: cómo se produce, quién lo produce, cómo se llama, si tiene hijos, etc. Andá a un supermercado y preguntales si saben de dónde sale tal alimento, quién lo transformó, etc.

Hqn: Las certificaciones son como “la confianza del mercado” no? Te ponen un sello y confiá… ¿y ustedes? La confianza es un activo importante en toda esta cuestión.

Lalo: Totalmente. Es la base de este tipo de economía. Es la confianza que uno puede establecer con el que construye ese alimento, con alguno que lo expone y el consumidor que se lo lleva. Esas son las tres patas que nosotros trabajamos para establecer esa conexión de confianza. Acá la mayoría de los consumidores… bueno, nosotros les decimos consumidores…

María: También terminás cuestionando la categoría.

Lalo: Bueno, los que vienen acá a buscar estos productos, tienen mucha confianza en nosotros y nosotros a la vez tenemos muchísima confianza en los productores. Es algo que construimos con ambos. Entonces es un círculo virtuoso, que mantiene este tipo de economía que está en las antípodas de la otra economía, donde nadie conoce a nadie, nadie se hace cargo de nada, aparecen venenos en los alimentos y nadie se hace cargo de eso. El señor “Carrefour” o el señor “Coto” no está ahí despachando…

Si una persona viene y dice “mirá, yo llevé 2 kg de manzanas y tuve que tirar 2 manzanas” nosotros le decimos “Ah, bueno, no hay problema, te damos 2 manzanas”. Sabemos que puede ocurrir, porque en este tipo de productos puede ocurrir, que al no tener ningún químico para que no le pase eso precisamente, si la persona tardó 5, 6 días en comerla y la dejó afuera, capaz que se le echó a perder. Y eso lo consideramos, creemos que es parte de este comercio. Y eso también construye confianza, que para nosotros es fundamental.

María: hace 3 años más o menos que creamos esto de ir a visitar a las quintas de producción de hortalizas, donde el consumidor puede preguntar todo lo que quiera, caminar, ver. También, antes de ir a las quintas, contamos toda la historia de lo que fue el proceso de transición entre lo convencional y lo agroecológico, contamos quiénes son y quiénes somos nosotros y lo que hacemos, hacemos una recorrida por la cooperativa y mostramos todas las áreas de trabajo. Y eso me parece que es fundamental. Nosotros no tenemos sello y hemos logrado este protocolo de certificación participativa porque hace tres años que lo estamos haciendo. Decirle al consumidor “bueno, si dudás ¿por qué no venís?”. Y nosotros no tenemos problema en que vengan, toquen, huelan, etc. O lo mismo, nosotros les decimos que es autoservicio, y se quedan… te dicen “no, servime”; y le reiteramos, que vayan, que toquen y que elijan, que se hagan cargo de lo que se están llevando. Es sacar al consumidor de ese lugar pasivo, de “sacar de la góndola, va a la casa, cocina y come”. Salir de esa rueda y que venga, averigüe, lea, se informe. Nosotros a veces les pasamos datos de que pueden ir a la Cátedra de Soberanía Alimentaria, que vaya a tal charla, que lea tal artículo. Que se metan en la situación si realmente se quieren meter. Ahora si están comprando por moda o porque se quieren quedar con su lugarcito de conciencia en esta zona de confort, es su tema. El consumidor es un abanico, una heterogeneidad que no la podemos catalogar como “todos compran acá porque quieren comer  saludable”. No podemos categorizarlo y meterlo ahí porque hay de todo. Es más, podés tener un consumidor comprometido políticamente con nuestro proyecto y podés tener un consumidor que solamente viene porque sabe que los productos no tienen agrotoxicos y se quiere sentir seguro; compra y se va a la casa, no quiere involucrarse en nada, o sea también tenemos consumidores del tipo “no te metás”. Hay de todo.

Hqn: Hay una especie de idea genérica del “consumo responsable” como fórmula general. ¿Ustedes como lo definirían?

 Lalo: En realidad el concepto “consumo responsable” para mí tiene unas cuantas definiciones y aristas, y esta idea o concepto se aclara respondiendo a la pregunta del porqué consumo responsablemente. ¿Y por qué? Porque compro en un lugar que tiene que ver con la economía familiar, porque como comida sana, porque con mi compra estoy alimentando una economía solidaria, que si no tiene consumidores no existiría más ¿no? Y sobre todo es consumo responsable porque no tiene trabajo no remunerado o no contiene explotación del trabajo de quienes intervienen en su producción y distribución.

También se utiliza de otra manera, por ejemplo, como mensaje o camino a seguir porque ¿qué es el consumo responsable para un tipo que no le interesa si se explota al trabajador que produce lo que consume? Para éste tipo, consumo responsable sería pagar lo que corresponde, no usar bolsas plásticas por ejemplo, y responde a una visión que nosotros obviamente no compartimos porque es mucho más limitada de lo que pretendemos con el consumo responsable. Pero existe.

María: Sí por eso, como que hay que deconstruir cada concepto que utilizamos. Por eso mismo cuando antes hablábamos de las diferencias entre las organizaciones de la economía social y sus distintas experiencias, justamente no podemos encasillarlas bajo un mismo esquema; hay una gran diversidad y estos conceptos nos ayudan a tener un marco común desde el cual partir y relacionarnos, así como buscamos que el sujeto cooperativo sea autónomo, que nuestros compañeros abracen ciertos valores, también buscamos que el sujeto consumidor deje de ser “consumidor”. Cuando nosotros decimos “vení al taller de huerta, así aprendes a producir tus alimentos” no es que estamos espantando a los consumidores, si no que tenemos la expectativa de aportar a la autonomización de los sujetos en este sentido, buscamos que la gente salga un poco del sentido común y que tenga buen sentido. Si aportamos un taller o una experiencia que rompa con ese sentido común, creemos que se pueden abrir otras posibilidades para ese “dejar de ser consumidores”. Si hacemos un “taller de plantas” donde enseñamos preparados para hacer a partir de ellas cremas, tinturas, jabones etc. es un poco para contribuir a todo esto. Lograr un espacio que aporte herramientas, para que la gente no dependa del mercado. Y de paso piense que hay otras formas de hacer rescatando saberes que pueden ser muy importantes.

 

Hqn: Y pensando en esto de acercar al productor con el consumidor, que haya mercados de proximidad, y que los alimentos no “viajen” tanto. ¿Cómo concretamos esto en un medio donde viven millones de personas, como las grandes ciudades? 

Lalo: Yo creo que nuestro emprendimiento tiene esas características. Este mercado (el de las grandes ciudades) es inmenso y la demanda es enorme. No obstante, no están presentes todos los elementos que pueden producir y volcar su producción en un mercado de proximidad, como para que toda esta población pueda alimentarse. Lo que sí puede haber es abastecimiento de algunos productos desde un mercado de proximidad, y me refiero a las hortalizas; en este tipo de producción tenemos un cordón muy importante cercano a Buenos Aires que produce la mayoría de lo que la gente consume en ese conglomerado, pero hay otros productos que deben recorrer muchos más kilómetros. En esta ciudad cosmopolita hay gente que consume banana, mandioca, mamón, hay gente que consume maní y esos productos no se hacen cerca de la ciudad. Irremediablemente esos productos deben viajar para llegar a los grandes centros urbanos y a mí no me preocupa demasiado que recorran 800 o 900 km para que nos traigan un cítrico o 1000 km para que llegue la banana, porque la lógica es la misma y los pequeños productores y los agricultores familiares de otra manera no podrían vender su producción, entonces eso no es lo que a mí me preocupa. Lo preocupante es la explotación o la estafa que se comete con esos productores cuando les van a buscar su producto los llamados intermediarios. A mí me preocupa que las empresas multinacionales, que con los mismos ingredientes pueden fabricar una galletita de distintos sabores, o un turrón, o un budín, con conservantes y aditivos… ésa mercadería sí es la que recorre miles y miles de km. Son un puñado de empresas alimenticias en todo el mundo que controlan este mercado y eso es lo preocupante. Pero los recorridos de mediana longitud me parece que son irremediables en casos como Buenos Aires.

María: La concepción de “alimento kilométrico” tiene que ver con un trasfondo más importante que remite al cambio en el sistema productivo. Si antes, en la provincia de Buenos Aires cada casa tenía frutales con los que se abastecía, y su huerta, y en muy poco tiempo se llenó de campos de soja, es muy difícil que la producción local pueda abastecer al mercado local. Por eso, los mismos habitantes recurren al mercado, aunque tengan tierra; hay una gran contradicción en todo ello.

Si entendemos al Estado como el límite del mercado salvaje, una opción sería que cada municipio establezca zonas productivas que cubran la demanda alimentaria del territorio, abasteciendo a nivel local y luego exportando el excedente. Así, como uno lo piensa en su propio espacio o territorio, qué es lo que puede producir y quiere para autoconsumo después vendiendo el excedente, cada territorio podría hacer lo mismo. No existen políticas de Estado para eso. Entonces ¿qué podemos hacer con esos alimentos kilométricos? El arroz acá es imposible de hacer, porque tenés que tener grandes extensiones de tierra y un clima adecuado; el aceite de oliva también. Varias generaciones atrás en la provincia de Buenos Aires, tenías peras, manzanas, uvas, todo en producción doméstica. Al desaparecer todo eso es muy difícil que vos puedas desde la autogestión, desde un proyecto como Iriarte Verde, abastecer solamente con alimentos no kilométricos, por las condiciones mismas que te decía antes. En CABA, hoy por hoy hay muy pocas empresas que pueden producir muzzarella por ejemplo; no sé en qué porcentaje, pero las condiciones que tiene Ciudad para producir son muy diferentes a las que tiene la provincia de Buenos Aires. En la provincia está todo mucho más desarrollado; vos podes tener un grupo o una unidad productiva, acá no podes hacer nada; cemento turismo y punto.

Hqn: ¿Cuál podría ser la solución a esta situación? ¿Que haya muchos “Iriartes Verdes”? 

María: Exacto, hay que multiplicar este tipo de espacios.

Lalo: Creo que es ese el espíritu y la apuesta. Cada espacio que aparece y hace este tipo de trabajo es un punto más de referencia para ir en contra de la hegemonía del mercado. Es muy importante que aparezcan cada vez más puntos de venta y por suerte aparecieron muchísimos últimamente. Es muy importante y confío mucho en eso porque los argentinos cuando empiezan a ver alguna cosa que va modificar algo en referencia a la alimentación terminan apoyándolo, y lo veo en la práctica. Nosotros vendemos mucha cantidad, Caracoles y Hormigas, Puente del Sur también, y somos muchas organizaciones que hacemos lo mismo y que somos apoyadas por una porción interesante de la población. Ese es el tema… que aparezcan cada vez más organizaciones de este tipo que cubran todo el territorio, que puedan proveer a las grandes ciudades, a las grandes poblaciones, y que hagan la vinculación entre el productor y el consumidor. Eso sería fundamental.

Maria: El punto es que cada experiencia es una particularidad. Algunos nos dicen que quieren copiar lo que hacemos y no, cada grupo es diferente. Lo que sí se puede imitar es el tipo de construcción con los conceptos que compartíamos antes, con la identidad propia de cada grupo. Nosotros por ejemplo no queremos crecer expansivamente, como tener más sucursales. Sí tenemos claro que lo comercial tiene un tope, un cuello de botella, entonces hay que pensar el proyecto como algo que tiene que tener distintas patas, no sólo la económica digamos, si no, hacer foco en lo productivo, ya sea directo que lo produzcamos nosotros, o por asociación y con compromiso de colocación de determinada cantidad de producción.

También tenemos un trabajo con organizaciones sociales a las que proveemos y con las que tenemos un trabajo y una historia de intercambios mutuos, que nosotros llamamos compras mayoristas pero que en realidad es más un apoyo mutuo entre organizaciones compañeras.

También estamos incursionando en la instalación de una boca de expendio de nuestros productos en el Museo del Hambre, donde quizá no estar siempre de cuerpo presente pero que quien quiera adquirir algún producto puede hacerlo; porque es un espacio justamente promueve una alimentación más sana y los principios de la Soberanía Alimentaria. Nos pareció interesante generar una relación de confianza, tanto con el museo como con las personas que transiten ese espacio.

También tenemos un trabajo con algunas Universidades, a las que proveemos como la Universidad de La Matanza, y algunos centros de estudiantes también. Buscamos otras formas de comercialización donde el trabajo en red es fundamental. Ahí también surgen pedidos de compras comunitarias, de grupos de vecinos que se juntan y piden en cantidad para abaratar costos. Y la otra pata que también lo mencionamos antes, es la parte de la concientización y lo educativo, esto de fomentar talleres y herramientas que puedan multiplicar este sentido que queremos darle a nuestra actividad. Una tarea más política y de contra hegemonía.

 

Hqn: Y como para ir cerrando ¿Cómo se piensan, su laburo como cooperativa y como espacio concreto, en el marco del movimiento más amplio que está luchando por la Soberanía Alimentaria?

Lalo: Yo creo que toda esta cuestión que venimos describiendo en la charla, la relación con los productores, la relación con los consumidores, la forma de construir esta economía, estoy absolutamente convencido de que es parte de la construcción que hay que hacer para lograr la soberanía alimentaria. Esta cuestión de creer que… o de estar seguro mejor dicho, de que los alimentos que distribuimos y que consumimos están hechos en la concepción de la soberanía alimentaria, el tipo está haciendo lo que realmente quiere hacer, ¿no? que es producción de alimentos  sin venenos, porque son los alimentos que también consume. Entonces, esa es una característica de nuestra construcción y de nuestra concepción. Después la otra pata de esto es la persona que viene a buscar ese alimento, que también está construyendo soberanía porque ellos vienen a buscar un alimento que en otro lugar no lo encuentran, porque están viciados de los males del comercio ordinario y entonces el consumidor de alguna manera está apuntando a la construcción de la soberanía alimentaria, por lo que este tipo de comercialización, de producción y de consumo y de relacionarnos con la alimentación es una forma de la soberanía alimentaria, o sea que estamos en ese camino y vamos a seguir trabajando para profundizarlo.

María: Creo que una de las características de la soberanía alimentaria es la de no “depender de”, entonces en esto de intentar generar herramientas que apunten a la toma de decisiones con autonomía y romper sobre todo con las lógicas del mercado que nos son impuestas y que generan cierta incertidumbre, el querer tener “todo cerca y ya”, etc. vos pensá que muchas personas vienen de Palermo a comprar acá (Barracas), cómo se han deslocalizado para comprar algo que deciden consumir por toda una serie de cuestiones que tienen que ver con romper lo impuesto por el sentido común.

También es un trabajo, una construcción desde lo simbólico, que debemos hacer para generar estas herramientas, para generar organización, conciencia.

Lalo: Además, este tema de empezar a proveerse de este tipo de productos fomenta que en el espacio privado de los hogares se empiece a cocinar de una manera distinta; por eso decimos que todo “consumo es político”, por eso es una decisión política si no quiero comer lo ultra procesado y me inclino por algo más saludable y natural como una sopa casera por ejemplo, o no depender de las grandes corporaciones; entonces hay que buscar alternativas.

Hay que recuperar la “comensalidad”: el cocinar, el compartir, poner la mesa, pensar menúes, etc., aprovechar todos los productos, no descartar nada. Y esa construcción también tiene que ver con la soberanía.

María: Hasta cuando generamos información y comunicamos cosas le dedicamos mucho tiempo a esa tarea. Esa labor también hay que hacerla disputando desde lo simbólico, sobre todo en estos tiempos tan fugaces y de tanta inmediatez.

Hqn: ¿Tenemos estrategias para llegar al común de la población? ¿Para llegar al tipo que labura doce horas y que no le da el tiempo para pensar en todo esto? 

Lalo: Creo que es un tema que por su complejidad debemos irlo resolviendo sobre todo desde el hacer, tejiendo redes así nos conectamos y vamos conociendo con otros y otras, lo que es una manera de difundir y llegar a otros también. De todas formas es algo en lo que hay que insistir y pensar todos los días cómo llegar a ese sector de la población más alienado si se quiere… Lo bueno es que en la memoria colectiva hay vestigios de esos hábitos más fraternales y no tan comerciales, hábitos que nunca deberíamos haber perdido: el hecho de cocinarnos, de disponer de un tiempo para preparar la comida, para hacer las compras, para estar con la familia, etc.

Maria: Me parece que uno de los desafíos que no solo nosotros debemos hacer si no impulsar, es cierta idea del “buen vivir” que está asociada a una concepción de los pueblos originarios, y que fundamentalmente remite a una sociedad que puede vivir en armonía con la naturaleza. Esto del buen vivir nosotros podemos pensarlo pero más bien es una práctica. Hay que recuperar el tiempo, desestructurar el tiempo del capitalismo para darle lugar al buen vivir. Si yo quiero comer saludable, etc., todo eso requiere de un tiempo que no tenemos en general por lo que hay que plantearse qué es lo que uno quiere en la vida. Pero sobre todo salir del individualismo, ya que, en general haciendo comunidad es que ese tiempo aparece.

 

Hqn: Ya que lo mencionan ¿creen que es posible en el medio urbano esta idea del “Buen Vivir”? o ¿sólo se puede lograr con una vuelta a la ruralidad?

 Lalo: Yo creo que volver a la ruralidad es un paso importante para la construcción del buen vivir, porque siempre la ruralidad tiene cuestiones distintas a esto que tenemos en la ciudad que podríamos decir que es demasiado “artificial”. En cambio en un medio rural cabe la posibilidad de integrarse más fácilmente a la naturaleza bajo esta concepción. En la ciudad estamos en una islita como cooperativa. Veo muy difícil transformar las ciudades bajo la idea del buen vivir, cosa que, en contacto con la naturaleza no pasaría. Habría que tener una política de Estado que promueva la vida en el ámbito rural. Hay un gran porcentaje de gente que estaría dispuesta a migrar al “campo” pero con mínimas garantías que deberían estar cubiertas por el Estado, con un plan de colonización solucionarían un montón de problemas como el desempleo, el problema habitacional que es tremendo en las ciudades. Eso sí, lo primero que hay que hacer es una revisión y discusión sobre el uso y tenencia de la tierra. Eso es la piedra fundamental para lograr algún tipo de avance en este sentido porque en estas condiciones el hacinamiento y el desempleo es un negocio para los dueños de todo.

Barracas, diciembre de 2017

 

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