Sí, juro ¿“grieta” ambiental o disputa por la transición ecológica?

«Yo me comprometo ante ustedes en ser el primero que jure lealtad al medio ambiente. Hagámoslo todos y todas«, así cerraba Alberto Fernández el acto de este lunes 21 en Olivos donde se anunció “un paquete de políticas públicas ambientales”: un Plan de Erradicación de Basurales a Cielo Abierto, el “Plan Casa Común”, el pase del área de combate de incendios a la órbita del Ministerio de Ambiente y un Proyecto de Ley de Educación Ambiental.

Con el sol del mediodía brillando en un primaveral día peronista, la cuidadosa puesta en escena para los anuncios contrastó con lo habitual: a diferencia de la asimetría que instalan podios y audiencias, los y las participantes se ubicaron al aire libre formando un gran círculo, donde el presidente Alberto Fernández, el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, el ministro de Ambiente Juan Cabandié, e intendentes como Mayra Mendoza de Quilmes (La Cámpora), y Mariel Fernández de Moreno (Movimiento Evita), se intercalaron con representantes de distintas organizaciones: jóvenes del movimiento ambiental, recicladores urbanos, y guardaparques y brigadistas que combatieron los distintos focos de incendio que asolaron distintos puntos del país en el último tiempo.

Más allá de los anuncios concretos, el discurso presidencial representa el reconocimiento oficial de que estamos en un tiempo bisagra jalonado por la crisis de una forma de estar-en-el-mundo; que en la coyuntura de nuestro país asume formas particulares (y un poco esquizofrénicas). Es una manifestación más del logro de la lucha socioambiental a lo largo de los años: un nuevo piso de comprensión y conciencia social, y por lo tanto de posibilidad de disputa, mientras las lógicas del mal-desarrollo sostienen su hegemonía y se ofrecen como salvavidas ante la crisis.

Enormes capas tectónicas están colisionando, y con la metáfora geológica traemos las enormes presiones y temperaturas, el roce de lo irreconciliable, la destrucción y el nacimiento.

Fuegos, en el Amazonas, Australia, California, el Delta del Paraná o Córdoba, quizá la manifestación más dramática de la crisis climática y la necesidad de un cambio de rumbo

La Crisis Socio-Económica

“La Argentina estaba en terapia intensiva, y encima llegó la pandemia” dijo Alberto para dar cuenta de la crisis actual cuya profundidad es realmente enorme. Aunque las medidas del ejecutivo para atender las necesidades básicas de millones son muy importantes, es claro que alcanzamos niveles de pobreza insostenibles, y que ante tanta necesidad no se da abasto: la toma de tierras de 3.000 familias en Guernica (Pte Perón, bajo amenaza de desalojo) es quizá la demostración más elocuente.

Aún así, las medidas de redistribución de la riqueza como el “aporte extraordinario” para las fortunas superiores a 200 millones de pesos, o la sola mención a una reforma impositiva más progresiva, son resistidas con uñas y dientes por el poder concentrado. Defienden sus privilegios con una feroz campaña en (sus) medios de comunicación, con sectores de la política de peso en el Poder Legislativo, con aceitados vasos comunicantes con el Poder Judicial, y con una novedosa capacidad de movilización de sectores medios y altos que han ganado la calle, mientras las organizaciones populares más importantes y millones sostenemos medidas de aislamiento frente al aumento de los casos de coronavirus. Este sector “anti-todo” apuesta a desgastar y golpear al gobierno sin ocultar su impronta reaccionaria y fascista, ni su vocación destituyente.

Después de un ciclo de mega endeudamiento y fuga de capitales, aún con la reestructuración encaminada y estando en recesión, la “restricción externa” vuelve a golpear la puerta. El “tema dólar” claramente tensiona la discusión sobre la reactivación económica y el cuidado del medio ambiente, ya que las principales fuentes de divisas a mano tienen que ver con actividades extractivas: agronegocios, mega-minería o hidrocarburos. Actividades que conforman una matriz de mal-desarrollo que puede profundizarse, al descartar escenarios de transición que sin duda sumarían tensiones.

En definitiva, la situación general donde se inscriben los anuncios de hoy y el debate más general sobre modelos productivos, el cuidado de la “casa común”, y el cambio de paradigma de relación con la naturaleza, es difícil. Más aún cuando, a pesar de contar con importantes proyectos para capear la crisis surgidos desde las organizaciones populares, la orientación del gobierno nacional parece ser la de conciliar con el capital concentrado.

Y el capital tiene propuestas…

Acto y presentación en ronda, funcionarixs intercaladxs con representantes de distintos movimientos

La Crisis Socio-Ambiental

En los anuncios de este lunes brillaron por su ausencia las menciones al impulso a la mega-minería, la producción hidrocarburífera o el modelo agroindustrial dominante. Repasemos cada uno:

Respecto de la mega-minería, su impulso local contrasta con la decisión de la justicia chilena sobre el cierre definitivo del proyecto binacional Pascua Lama de la Barrick Gold, de explotación de oro y plata, por su imposibilidad de garantizar mínimas medidas de resguardo medioambiental. De este lado de la cordillera, sus personeros defienden proyectos que no han “derramado” hacia las comunidades ninguna de las bondades con la que supuestamente las llevarían al “desarrollo”, pero sí han derramado enormes cantidades de sustancias tóxicas que impactan en el ambiente y la salud. Se acaban de cumplir 5 años de un enorme derrame de solución cianurada en el proyecto Veladero, de la misma Barrick Gold, sobre el Río Jáchal (San Juan). Uno de varios, que han dejado una enorme contaminación en el agua de las comunidades, el verdadero “recurso estratégico” que las potencias buscan controlar. No obstante, aquí la mega-minería se propone como “vector de desarrollo económico” y cuenta con entusiastas impulsores dentro y fuera del gobierno.

Alrededor de la producción de hidrocarburos venimos de un tiempo turbulento, donde las petroleras consiguieron que el Estado (quebrado) les subsidie un precio de 45 u$s por “barril criollo” cuando los precios internacionales se derrumbaron por la pandemia. Se vuelve a hablar de Vaca Muerta como una “enorme oportunidad de inversión” cuando en realidad representa una enorme incógnita por las inversiones en infraestructura que requiere mientras a nivel mundial los flujos de capital empiezan a abandonar sus posiciones en la matriz fósil.

Ahora mismo, de aprobarse el “aporte extraordinario” a las grandes fortunas, una parte se destinará al desarrollo de la producción gasífera (o sea que irá a las petroleras); y ante las “tensiones por el dólar” se analiza crear nuevos instrumentos de inversión para canalizar el “exceso de pesos” hacia YPF con el mismo destino, en vez de direccionarlos a la generación de energía limpia de fuentes renovables como parte de un proceso de transición energética abandonando la matriz fósil.

Del agronegocio venimos hablando extensamente: responsable de la destrucción de enormes áreas naturales, expulsión de comunidades campesinas e indígenas, fuente de contaminación por agrotóxicos y fertilizantes, pérdida de biodiversidad, emisiones de GEI, erosión cultural y de suelos, fuente de violencia, desigualdad y concentración de la tierra.

Hoy día, el complejo agroindustrial representa la mayor fuente de divisas del país. Sobre esta base un conjunto de 53 cámaras empresarias formaron el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) y trabaja con sectores del oficialismo una ley de fomento a la actividad. Como dijimos hace 2 meses: “A un Estado vaciado le muestran una zanahoria de 100.000 millones de u$s de exportaciones”. En ese paquete anotan “una ley o un capítulo” sobre “nuevas tecnologías” como la edición genómica, aprovechando que Argentina fue el primer país del mundo (!) en abrirle la puerta a las mismas a través de una resolución de 2015 firmada por Gabriel Delgado (operador todoterreno en temas agroindustriales); también la modificación de la Ley de Semillas. En este terreno se inscribe el proyecto de mega-granjas de producción porcina para China.

Un cuarto elemento es la crisis de la urbanidad: esta locura de ser el 8vo país de mundo en extensión y sin embargo vivir hacinados en un puñado de ciudades. En Argentina el 93% de la población es urbana, producto del vaciamiento de los campos y territorios; y en paralelo el suelo urbano también expulsa de los sectores populares producto de la especulación inmobiliaria.

“Estos desafíos los debemos asumir porque nos tocan. Ustedes generacionalmente no deben permitir que la degradación ambiental a la que hemos llegado siga creciendo. No deben permitirlo. Y el deber que yo tengo como presidente es ponerme al frente del cuidado de esa casa común que es el mundo”, dijo el presidente.

Selfi con guardaparques y brigadistas tras el acto del 21/09 en Olivos

¿Hacia una “grieta” ambiental o al debate de (y disputa por) escenarios de transición ecológica?

Hay sectores identificados con el oficialismo que hacen foco en los cambios en política ambiental del gobierno actual y en iniciativas importantes de política pública como el fomento de la agroecología, para desmarcarse de la crítica y esquivar debates de fondo sobre modelos productivos y procesos de transición. Al mismo tiempo hay sectores en los movimientos ambientales y la izquierda clásica que niegan gestos y medidas importantes, y sostienen que este gobierno es continuidad del anterior (y el anterior, y el anterior) en un “son lo mismo” que hace difícil cualquier articulación y diálogo amplio, como los que se están abriendo concretamente en muchos lugares alrededor de la agroecología.

Ante las palabras de hoy, algunos ven una “ruptura clara” y aplauden, otros ven “puro cinismo” y putean.

Con humildad creemos que estas posiciones no tienen ninguna perspectiva porque niegan el movimiento. Descartado éste, solo queda pescar en el agua estancada de una bañadera, el “negocio” propio de acumular capital simbólico consolidando “la quintita” (sea aplaudiendo o puteando); en cualquier caso, muy lejos de la dinámica de las disputas concretas y los debates (tácticos y estratégicos) para salir del mal-desarrollo, desplegar la potencia de las construcciones populares que florecen a pesar de todo, y avanzar hacia una sociedad con justicia social y ambiental.

El discurso presidencial de este lunes es el fruto de la lucha de miles, de muy distintos sectores, que cuestionan una narrativa de “progreso” y “desarrollo” que sigue siendo hegemónica, pero que está llena de fisuras. Los reclamos ambientales ya no pueden ser ninguneados y menos subestimados: sino fíjense Mendoza en defensa del agua, Chubut contra la mega-minería, o el Litoral por los humedales…

Estamos en un tiempo donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo de nacer, pero con un piso de conciencia en nuestras comunidades que ya no permite a las fuerzas del capital moverse como antes. También donde las fuerzas que buscamos abrir otros horizontes civilizatorios estamos exigidas a dar un salto en articulaciones multisectoriales y perspectivas interdisciplinarias, para tener propuestas concretas y esbozar caminos de salida; sumando fuerza con organizaciones sociales, sindicales y políticas mucho más allá de los purismos.

“Si somos seres inteligentes como decimos ser, nosotros no podemos seguir repitiendo esta historia, porque vamos a terminar consumiendo nuestra casa común en perjuicio de los que nos sucedan, y no tenemos ningún derecho a hacer semejante cosa”. Le tomamos la palabra presidente. Vamos caminando. Falta lo que falta.

Buenos Aires, 21 de septiembre de 2020

 

La transmisión del acto y el discurso completo de Alberto Fernández – 21/09/2020

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