Por Gerónimo Belforte y Federico Lifsichtz de Huerquen
Organizado desde el Encuentro de Pueblos Fumigados de la Provincia de Buenos Aires por la Agroecología y el Buen Vivir, en los días 5, 6 y 7 de junio, se realizó el Primer “Congreso de Agroecología de los Pueblos” (CAPu) en la Universidad Nacional de Luján (UNLu). Durante el mismo se realizaron diversas actividades vinculadas a la producción agropecuaria y a la crítica al modelo agroindustrial dominante en nuestro país.

Un nuevo espacio para pensar la agroecología
Bajo el lema “En armonía con la naturaleza y el buen vivir. En unidad. En solidaridad. En organización”, se convocaron productores agrícolas y ganaderos, feriantes, asambleístas, vecinos de zonas fumigadas con agrotóxicos, investigadores, docentes universitarios, organizaciones políticas y socioambientales durante los tres días que duró el evento. El Congreso se estructuró en 18 mesas de trabajo, y en diversos ejes de debate, tales como “Acceso a la tierra, agua y semillas”, “Construcción y transmisión de saberes, todxs podemos aportar”, “¿Adónde va nuestra producción y que variantes podemos ofrecer?”, “¿Transición a la agroecología o coexistencia de modelos?”, entre otros. También hubo momentos destinados al intercambio de semillas, a la proyección de documentales, a la realización de talleres de formación, la presentación de libros, e incluso intervenciones artísticas y música en vivo.
Los participantes llegaron de distintos puntos de la Provincia de Buenos Aires (Saladillo, San Antonio de Areco, Mercedes, Marcos Paz, 9 de Julio, Ayacucho, etc.) e incluso de otras regiones del país (Litoral, Patagonia). La concurrencia al Congreso, más que aceptable según los organizadores, se desplegó por las distintas aulas de la UNLu asignadas en busca de mejorar las coordinaciones, compartir y acceder a nueva información, socializar experiencias de organización.

Una transformación que ya está en marcha
Al tanto por la convocatoria online al Congreso, Pamela Cowes y Maria Toro, ambas de Bariloche y pertenecientes a Feria Franca de Agricultores Nahuel Huapi, viajaron los 1.500 km que separan dicha ciudad de Luján para participar de este Primer Congreso. Al respecto, resaltaron el problema de la crisis climática y su impacto negativo en la producción agrícola: “Nos estamos quedando sin agua. Hay mucha sequía en nuestra zona, los vientos, la falta de nieve. Eso afecta mucho nuestra producción de hortalizas, fruta de estación, fruta fina, dulce, panificados…”. Su experiencia productiva, que ya lleva unos 15 años, fue acompañada por el INTA y por técnicos pertenecientes a la Municipalidad. La importancia de las políticas públicas fue un asunto recurrente en varias mesas de debate. Pamela reconoce que si bien la mayor parte de sus logros fue “a pulmón (…) siempre es importante el apoyo del Estado”. Otro asunto interesante que plantean es el problema generacional asociado con el de la propiedad de la tierra. Dice María “Se está perdiendo la juventud en los campos. Cuando los hijos se van a la ciudad es mucho más fácil de negociar esos campos porque una vez que no están los jóvenes, les dan unos pocos mangos a los viejos y terminan vendiendo. Hay que incentivar a los jóvenes a quedarse en el territorio, facilitándoles tecnologías más avanzadas, para que sigan la tradición. De otra manera, vamos a perder la agricultura familiar”.
Nahuel Palito, investigador del CONICET, miembro de la Asamblea Socioambiental de San Antonio de Areco y del Grupo para la Promoción de la Agroecología Arequera, participó en diferentes paneles del Congreso. Él destaca como punto de partida del Congreso el diagnóstico común sobre este modelo agrario y el potencial de la agroecología: “Es un modelo que genera mucha injusticia social, mucho daño a la salud y a la naturaleza. Y lo que venimos a hacer acá, es a pensar salidas alternativas. Y la agroecología es ese modelo alternativo que no solo genera alimentos sanos, sino vínculos diferentes con la naturaleza”. Consultado por los protagonistas que podrían motorizar ese modelo alternativo sostiene “No hay un único actor que deba motorizar los cambios. Se requiere de múltiples actores. Sí hay actores que no pueden faltar: las comunidades que están viviendo en los territorios tienen que ser parte porque son las luego van a empujar para que se concreten los cambios. Los productores también son clave en esta discusión, tanto los que están convencidos del cambio como aquellos que no conocen aún de que se trata la agroecología. El ámbito de las políticas públicas en todos los niveles también es necesario porque facilitan o impiden que las transformaciones se vayan dando. También las instituciones educativas son centrales para visibilizar y concientizar”. Para Nahuel, se presenta el desafío de cómo construir poder político desde las comunidades: “No solo tener el conocimiento, no solo tener las experiencias, sino poder proyectarlas políticamente para que esto se expanda. Cómo construir ese poder, es algo que está surgiendo en este encuentro”.
En los diferentes paneles también surgieron otros elementos vinculados a esta problemática. Por ejemplo, la necesidad de construir “otra epistemología, otras categorías para pensarnos”, que se aleje de las lógicas utilitarias y productivistas que se han impregnado en las ciencias vinculadas a la producción, como la agronomía, la veterinaria o la economía. También se expresó la preocupación por la discontinuidad de políticas y programas que algunas sedes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) han venido sufriendo en el marco de los recortes ejecutados por el gobierno nacional. A su vez, también surgieron discusiones acerca de cómo involucrar a las comunidades afectadas por las fumigaciones con agrotóxicos, como directivos de escuelas rurales, organismos distritales del Área de Educación, padres y familiares de estudiantes de esas escuelas, etc. siendo la Campaña por el Agua Limpia en las Escuelas (CALE) una experiencia en ese sentido.

Los desafíos
La realización de este primer “Congreso de Agroecología de los Pueblos” se inserta en un contexto difícil ante las políticas de ajuste y represión que han venido afectando a prácticamente todas las experiencias de producción alternativa, de allí su valor a contracorriente. Los problemas que enfrentan las experiencias agroecológicas concretas y territoriales, vinculados a la falta de instrumentos, tecnologías y maquinaria que impiden ampliar y consolidar la producción, la ausencia de políticas públicas que faciliten recursos para estimular las transiciones de un modelo a otro, la dificultad para establecer cadenas de insumos y de comercialización, así como la falta de articulación sólida de las muchas pero aún dispersas experiencias productivas, escenifican un estado de situación en el que se combinan problemas técnicos, organizativos, económicos y políticos. Así, los desafíos que enfrenta la consolidación y desarrollo la agroecología son diversos y su abordaje implica esfuerzos concretos más allá de proposiciones simplistas o meras consignas generales.
La ausencia notoria de las principales organizaciones campesinas y de la agricultura familiar del país en las mesas de debate de este Congreso resulta sintomática de las desarticulaciones inentendibles en el campo de la lucha contra el agronegocio, más todavía dada su composición popular y su presencia nacional, que seguramente hubieran tenido mucho para aportar al respecto. Sigue vigente la necesidad de construir colectivamente un programa de transformación de nuestros sistemas agroalimentarios, que unifique y potencie reclamos, y amplifique hacia un horizonte común las muchas experiencias donde la agroecología revela su potencia para enfrentar los enormes desafíos de este tiempo.
Luján, junio de 2025
