La motosierra avanza sobre El ceibo

O el presente duro del reciclaje en la Argentina

por Huerquen

Por Jésica Bustos – Huerquen

En febrero pasado, el gobierno nacional oficializó el Decreto 67/2025 que autoriza la privatización total del Belgrano Cargas. La Cooperativa El Ceibo, dedicada hace más de 20 años a la gestión de los residuos sólidos urbanos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se encuentra gravemente afectada por esta decisión gubernamental debido a que está emplazada en terrenos de la empresa ferroviaria. El Gobierno de la Ciudad propone reubicarlos mientras intenta ganar tiempo con los dueños actuales del predio.

En tiempos de anarcocapitalismo, los cartoneros y cartoneras en la Ciudad de Buenos Aires resisten como pueden a los embates privatizadores del gobierno de Javier Milei. Son cerca de 300 familias de recuperadores urbanos de distintos puntos del AMBA que trabajan diariamente recolectando, clasificando y dándole un destino sustentable a los residuos que recogen en la zona de Palermo.

Nicolas Bueno es el actual presidente de la cooperativa El Ceibo, unidad de trabajo fundada por su madre, Cristina Lescano, una figura pionera del movimiento cartonero en la Ciudad de Buenos Aires. Bueno cuenta que cuando arrancaron, lo hicieron de manera informal en una casa tomada en el barrio de Palermo. Un Palermo lejos del turístico barrio porteño que conocemos hoy. Tras varios años de organización y lucha, consiguieron un papel precario en el que la empresa Belgrano Cargas les cede unos terrenos en desuso, cercanos a las vías y a la autopista.

A partir de ese momento, comenzaron a trabajar en la formalización de su trabajo diario en congestión con el gobierno porteño. Allí reciben los camiones con material reciclable listo para ser clasificado en las cintas, luego enfardado para reducir su volumen y vendido directamente a la industria. En esta cadena de valorización, no sólo se garantizan puestos de trabajo dignos, también se ahorra energía mientras se preservan materias primas vírgenes. Todo esto ocurre en colaboración con la llamada economía circular, tan de moda en estos tiempos de crisis climática.

Nos enteramos de un día para el otro que estaban pidiendo los galpones sin mucha negociación ni nada. Nos dijeron que la fecha para que nos vayamos era el 30 de junio, nos quedamos sorprendidos”, comenta Bueno y suma que aunque la cooperativa tiene más de 20 años trabajando en el lugar, nunca pudieron conseguir la cesión definitiva de ese espacio, y que tienen al día de hoy, una “cesión de uso precario”.

Según el decreto 67/2025, la privatización debe contemplar “la desintegración vertical y la separación de actividades y bienes de cada unidad de negocio, entre ellos el material rodante, las vías e inmuebles aledaños y los talleres”. Bueno señala que en una primera reunión les pidieron correr una báscula y un cerco que está sobre la calle pero que al siguiente encuentro “directamente pidieron el galpón”.

El predio que tiene la cooperativa hoy ocupa unos 1.600 m2 y alberga a unas 300 familias provenientes de José León Suarez, Fiorito, Varela y también de barrios de la Ciudad Autónoma. Sólo en mayo pasado, procesaron más de 400 toneladas de residuos reciclables. Bueno comenta que no se quieren ir de ahí ya que con los años, han construido un sentido de pertenencia y que les hubiera gustado que “el gobierno de la Ciudad intervenga un poco más”. Trabajar en condiciones de desalojo inminente no debería ser una opción.

Por el momento, la solución edulcorada del Gobierno de Jorge Macri fue proponerles trasladarse al centro verde Núñez, predio en el que actualmente desarrolla sus tareas otra cooperativa histórica de la ciudad, Las Madreselvas. Allí, les construirían un galpón de unos 1.000 m2, bastante más pequeño del lugar que ocupan actualmente. “Tenemos un taller donde se hacen artesanías, también trabajamos moliendo algunos plásticos y telgopor”, cuenta Bueno; en un intento de justificar que esa cantidad de personas, el volumen de material y trabajo diario no son compatibles con la alternativa gubernamental.

A la incertidumbre del pedido del galpón sin orden de desalojo ni comunicado oficial, se suma la crisis fenomenal que vive el sector cartonero, no sólo por la baja abrupta del precio de los materiales, producto de la apertura de importaciones, sino también de la recesión económica que produjo la merma de materiales a recuperar. “Hoy en día los precios han bajado muchísimo, si bien hay muchos costos cubiertos por Ciudad, está costando mucho poder solventarnos”, señala el presidente de El Ceibo.

Todo esto, en un contexto muy hostil para los recuperadores urbanos. Sobre todo aquellos que no están organizados en cooperativas, que trabajan de manera individual, que ellos llaman también trabajadores independientes. “Al cartonero individual se le hace complicado también porque no lo están dejando trabajar en la calle, el panorama no es bueno”, asegura el presidente de la cooperativa y concluye en que existe una persecución hacia los cartoneros porque “a los galponeros que le compran el material los están cerrando o clausurando”, entonces el cartonero individual se está quedando “sin lugar donde poder vender el poco material que junta”.

El rol de los Recuperadores Urbanos para evitar el colapso

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por año en el mundo se recolectan 11.200 millones de toneladas de residuos sólidos. Es por esta razón que el reciclaje de parte de estos residuos representa una herramienta fundamental para ahorrar recursos y atender uno de los problemas más urgentes que tienen las ciudades de hoy, que es la gestión eficiente de sus residuos. Recuperar y reciclar residuos no sólo evita seguir destruyendo la casa común (por cada tonelada de papel reciclado, se pueden salvar 17 árboles y un 50% del agua que precisa la industria para generar el insumo, según la ONU), también contribuye a la creación de puestos de trabajo. Sólo en Brasil, China y Estados Unidos, se estima en 12 millones de personas destinadas a realizar esta tarea.

En Argentina, el promedio de basura generada diariamente por habitante es de 1.15 kg, de los cuales cerca del 50% de esos residuos son potencialmente reciclables. Para que eso ocurra, no sólo es fundamental una correcta separación en origen sino también que exista una estructura de trabajo aceitada en donde se garantice que ese material llegue a mano de los recuperadores urbanos para su posterior tratamiento. Esto es, logística para la recolección diferenciada, predios acordes al volumen de material recuperado y la consecuente trazabilidad del material hasta que llegue a la industria.

En el AMBA, los sistemas de gestión de residuos son heterogéneos, varían según las dimensiones y recursos que cada municipio destina a esa tarea. En la mayoría de los casos, los residuos generados terminan enterrados en predios de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE). Por esta razón, es que la figura del recuperador cobra mayor relevancia en la tarea del recupero de material reciclable. No sólo para garantizar tener ciudades limpias sino también eficientes en términos energéticos; y comprometidas con la premisa de ciudades sostenibles, en virtud de los lineamientos de la Agenda 2030 (que el gobierno nacional desconoce y hasta prohíbe mencionarla en documentos públicos).

Hablemos de nuestra basura

De acuerdo al último informe de la Nueva Agenda Urbana (ONU-Hábitat 2021), la generación de residuos sólidos urbanos (RSU) está destinada a crecer más del doble que la población para el 2050. Los desechos generados por las ciudades tienen enormes consecuencias y en particular, los desechos sólidos son un problema urgente para la urbanización, ya que se relacionan con la salud pública, el uso del suelo y la mitigación del clima. En Argentina, el promedio de generación diaria es de 1,15 kg per cápita, lo que representa unos 18 millones de toneladas anuales.

La gestión de los residuos en nuestro país está regulado por la Ley N° 25.916 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental para la Gestión Integral de Residuos Domiciliarios, que propone y regula el manejo adecuado de los desechos domiciliarios a partir de la gestión integral de los mismos, incentivando su valorización, promoviendo la minimización en la generación de los mismos y su disposición final.

Según el informe de ONU-Hábitat, la política de gestión de desechos sólidos debería incluir a los trabajadores de residuos. Gran parte de la gestión de los residuos en los países en desarrollo como el nuestro, la llevan a cabo recolectores manuales, lo que conocemos como recuperadores urbanos. Según este informe, a través del estudio de diversos casos se ha demostrado que sin una descentralización financiera e institucional adecuada, es imposible promover una gestión de desechos sólidos equitativa y asequible.

La valiosa experiencia del Programa Argentina Recicla

Durante los primeros meses del 2020, mediante el Decreto 148/2020, el Gobierno nacional derogó la normativa que facilitaba la importación de residuos para ser utilizados como insumos industriales sin la exigencia de un certificado de inocuidad sanitaria y ambiental. En paralelo, el entonces Ministerio de Ambiente de la Nación se propuso una estrategia de intervención sostenida en la construcción de infraestructura para el tratamiento de los residuos sólidos urbanos, la promoción del empleo de la economía circular y fortalecimiento a los recicladores; y el fomento de la separación en origen, el reciclado, la valorización y la promoción de una industria del aprovechamiento de los residuos como insumos de los procesos productivos.

En conjunto con el entonces Ministerio de Desarrollo Social, se llevó a cabo un programa nacional pionero en la recuperación, reciclado y servicios ambientales. Se creó con el fin de promover la inclusión social y laboral de los trabajadores no reconocidos dedicados a la recolección y recuperación de residuos. El programa “Argentina Recicla” permitió acceder al diagnóstico de situación en la que se encontraban las cooperativas de reciclado en el país junto a la provisión de insumos y capacitación para el fortalecimiento de las unidades de trabajo. De esta manera, se conocieron las condiciones sociolaborales de más de 180 mil cartoneros y cartoneras y se llevaron adelante distintas líneas de trabajo para la formalización y crecimiento de sus unidades de trabajo.

El panorama actual es muy distinto. Con la llegada de Javier Milei, comenzó una desregulación total del Estado y varios Ministerios, entre ellos el de Ambiente y Desarrollo Social, desaparecieron o se fusionaron, achicando su margen de acción. Actualmente, la cartera de Ambiente quedó bajo la órbita de la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes, a cargo de Daniel Scioli.

RSU en números

Según datos que se desprenden del último Informe del Estado del Ambiente (2023), elaborado por el ex Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, más del 60% de los residuos producidos en todo el país son dispuestos en rellenos sanitarios. El resto que no llega hasta allí, termina en vertederos controlados y en basurales a cielo abierto, modalidad de disposición final muy común en la mayoría de los municipios. Es importante resaltar que la existencia de alrededor de 5.000 basurales en todo el país tiene serios impactos socioambientales, lo que debería suponer un desafío prioritario de la política pública en materia ambiental, social y de inclusión.

Los materiales recuperados de los residuos sólidos urbanos (RSU) como plásticos, vidrios, papel y cartón son reutilizados o reciclados por distintas industrias. No obstante, los índices de valorización son muy bajos. Sólo por dimensionar, los RSU ingresados a la CEAMSE actualmente se componen en un 50% de residuos secos como plásticos, papel y cartón, textiles, vidrio, metales, entre otros. En Argentina, la actividad que realizan los recuperadores urbanos, ya sea en calle como en basurales, es el eslabón principal de la gestión de residuos y de la economía circular.

Además, su trabajo impide que estos sean enterrados en rellenos sanitarios o basurales a cielo abierto, evitando la generación de gases de efecto invernadero y la contaminación del aire, del agua y del suelo.

Pensar en los residuos desparramados por la Ciudad es también poner el ojo en la problemática socioeconómica que existe detrás. Un llamado de atención, quizás el más urgente en un contexto de desempleo en alza, se resume quizás en lo que señaló con preocupación Nicolás Bueno, “hay muchos cartoneros que no tienen la posibilidad de conseguir otro trabajo, si el día de mañana se quedan sin trabajo, ¿de qué van a vivir?”.

Buenos Aires, junio de 2025

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