Patagonia: “economía femenina” y agroecología

Por Eduardo Silveyra para Huerquen.

Pequeña crónica de un viaje por la Patagonia Andina, en un recorrido por huertas y mercados de productores y productoras de la agricultura familiar. 

 

Paraje Entre Ríos

Recostado contra el Río Azul que bordea la cordillera y la Ruta Nacional 16 por el otro lado, se encuentra la comarca de Lago Puelo, que toma su nombre de dicha fuente lacustre, en ese paisaje encantado, irrigado por las aguas torrentosas de las vertientes y de cerros con sus cumbres nevadas, en el cual sobresale El Morrudo, suceden buenas cosas con la agricultura familiar. En la terminal de micros nos espera Alicia Roldán, una salteña afincada en el lugar desde hace unos 30 años, que irradia y despliega energía a su paso. Hasta no hace mucho fue delegada de la Federación de Organizaciones Nucleadas en la Agricultura Familiar y en la actualidad es la Secretaria de Economía Social del Municipio de Lago Puelo, ella será la guía de una recorrida por los distintos lugares, donde se desarrollan espacios productivos y de comercialización de la Agricultura Familiar. Al primer lugar que nos dirigimos es al Mercado Rural Paraje Entre Ríos. En un local donde no falta la calidez, nos reciben Virginia Reyes Sandoval y Paula Ramos Orellana, ambas son neuquinas pero han elegido llevar adelante sus proyectos de vida en el paraje. Virginia es una productora herbolaria y Paula se dedica a la producción de cosmética natural. En las mesas y estantes se pueden observar las producciones de dulces, mermeladas, conservas, artesanías e incluso una biblioteca donde se venden los libros de la editorial comunitaria El Hoyo. Es Virginia la que nos cuenta, que en el mercado se venden los productos elaborados por 80 productores en su gran mayoría mujeres; y añade: “La economía es femenina, este mercado además surgió en el 2020, en plena pandemia y aunque parezca contradictorio, ayudó mucho a fortalecer los vínculos y lazos comunitarios”. Paula refuerza esa apreciación, que se palpa a simple vista, cuando entra alguien a comprar harina integral y otra señora a comprar unas verduras. Entonces, Paula nos dice: “No le compran a La Anónima, sino al productor vecino y así es como los vecinos se apropiaron del local”. Se nota la alegría en su rostro al decirlo, aunque aclara: “Al trabajo como lo conocíamos antes no existe más, hay que inventarlo” Y Virginia agrega: “Es fundamental desarrollar la economía social, para enfrentar al capitalismo”. Una de las dificultades que encuentran, para seguir avanzando en el desarrollo de esa premisa es la difusión, punto en el cual se puede aportar un granito de arena y decir que, el local donde se encuentran distintas harinas integrales, producciones agroecológicas, hongos secos, dulces y conservas, funciona los lunes, miércoles y viernes de 11 a 18 horas. Si no se encuentran Paula o Virginia, estarán otras mujeres igual de cálidas atendiendo el mercado.

Las Golondrinas

Siempre guiados por Alicia, en la tarde soleada y tibia, nos dirigimos atravesando cerros y bosques, hacia el Paraje Las Golondrinas, ubicado en el departamento de Cushamen, a 5 km del límite con Río Negro, al norte del Lago Puelo sobre la Ruta Nacional 40 y en la ladera del Cerro Piltriquitron. De paso hacia el Mercado Rural, pasamos por la escuela 522 de Educación Especial, donde en un corral pasta un rebaño de ovejas y Alicia me apunta que los chicos de la escuela comercializan las pre pizzas que elaboran, también en el mercado, como así también surten de abono elaborado por ellos, a las huertas de los y las productoras locales, un dato no menor, que nos habla de integración y tejido social, fundamental para el arraigo y el desarrollo de la Soberanía Alimentaria. En el galpón amplio y luminoso, cedido por el municipio local funciona el mercado, allí nos reciben Saida Soto, quien dedica sus horas a producir cosmética natural y a la elaboración de productos fito medicinales, Vittoria Bompucci, una chica italiana de 31 años, que eligió ese rincón de la Patagonia, para elaborar conservas y realizar venta de plantines, Mariana Machiavelli, experta en la fabricación de jarabe de sauco, y la briosa Liliana Sánchez, que a sus 65 años despliega energía y saberes, en los dulces y mermeladas fabricadas con la producción de los 76 manzanos, cultivados en su chacra. En las mesas y estanterías abundan los quesos, cervezas artesanales, hongos secos, harinas, conservas, nueces y todo aquello que se produce en las huertas de las 40 productoras y productores que abastecen el local, que con mucho orgullo y como bien destaca Saida: “El 90% de este colectivo son mujeres, porque la economía es femenina” un concepto que volvemos a escuchar y que se torna consigna política. También destacan que varios de los integrantes de la cooperativa fueron damnificados por el incendio de los bosques, ocurrido a fines de marzo del año pasado, pero que con la voluntad y firmeza decidieron quedarse y volver a producir. Una de ellas apunta, que la pandemia fue una oportunidad para consolidar la venta de la producción local y agroecológica, realidad que confirma una de las clientas en cuya opinión nos dice: “Comprarle directo al productor me genera más confianza y además refuerza los vínculos”. Ella misma nos recomienda consumir el helado Kuimelú, elaborado por productores cercanos al paralelo 42. Lamentablemente no hemos llegado en la temporada de elaboración, pero pudimos apreciar sus gustos y sabores. Liliana Sánchez, antes de que partamos, nos anuncia que están preparando una actividad en el mercado en conjunto con la escuela, para una fecha muy próxima. Después de tomar el mate del estribo, nos despedimos con la certeza de haber conocido a la buena gente del Cerro Piltriquitron.

Proyecto Bioma

La huerta de casi 2 hectáreas en la cual producen 7 jóvenes en su mayoría provenientes de Buenos Aires, es el lugar donde funciona el Proyecto Bioma a corta distancia del casco urbano de Lago Puelo. Llegamos a media mañana y tanto Martín como Bárbara, deben hacer un alto en la tarea de traspasar plantines de las plantineras a las macetitas para su venta o cultivo posterior en las tierras donde trabajan. Es Martín quien toma la voz cantante para explicarnos este grupo asociativo, creado por ellos mismos y basado en la formación académica a partir de tecnicaturas agroecológicas y ciencias ambientales. Si el paisaje de los cerros y los bosques embriaga la visón de un visitante, ver los surcos labrados y las verduras asomando sus botes en la tierra, no deja tampoco de maravillarnos. Mientras caminamos entre los surcos donde crecen filas de lechugas, podemos observar otra fila cultivada con plantas de ruda, una medida para combatir a ciertos insectos. Implantar corredores florales  diversos crea una perspectiva casi pictórica de la huerta. Una de las premisas del proyecto –nos dice Martín- no solo es producir alimentos, sino también una experiencia replicable que permita construir una agricultura masiva de pequeños modelos que se puedan escalar. Un fin que implica de manera lisa y llana el consumo de alimentos sanos, seguros y nutritivos, en el mismo lugar donde se producen, lo cual, es decir: Soberanía Alimentaria. Bárbara nos habla también, de que en la huerta se cultivan 42 variedades de hortalizas, entre ellas el kale, que contiene más hierro que la espinaca; Martín enumera ciertas dificultades, que atañen a la comercialización y que suele ser unos de los talones de Aquiles de la agricultura familiar. En estos momentos –nos dice Martín- estamos comercializando en la Feria de Lago Puelo, algo en Bariloche y creamos un sistema de venta anticipada, donde la gente en lugar de invertir en dólares, invierte en comida sana y saludable: nosotros les vendemos los bolsones de manera anticipada y les garantizamos el precio durante toda la temporada. Bárbara, señala que el Proyecto Bioma, también tiene otros objetivos, como es el agregado de valor a ciertas producciones que suelen tener excedentes y también la fabricación de abono orgánico. Otro de los problemas que apunta Martín, es el agua. Cuando eligieron el lugar no existía ese problema ya que muy cerca estaba el Río Azul y a un costado del predio corría un canal de riego. Pero, la compra de chacras circundantes para un emprendimiento de urbanización les cerró la entrada al río y además los nuevos propietarios rellenaron con tierra el canal de riego, por lo cual debieron realizar una inversión con dinero que iban a emplear en los cultivos, en perforar un pozo para tener agua. El avasallamiento de los recursos naturales y tierras cultivables, por parte de los negocios inmobiliarios, es una metodología que se replica a lo largo y ancho de todo el territorio y que como en el caso explicitado por Martín, es uno de los palos en la rueda para el desarrollo auténtico de las economías regionales. Requeridos por las tareas propias de la huerta, decidimos con Alicia y Sandra, no interrumpir más el trabajo y después del último mate, partimos otra vez hacia el pueblo.

Partir

Ya se acerca el final de mi viaje y debo partir hacia Buenos Aires, pero todavía hay tiempo para llegar hasta Bariloche en un viaje de 2 horas, para encontrarme con Pedro Naón, delegado de la Subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina e Indígena en Río Negro. Atrás, van quedando no solo el paisaje, sino también la gente que lucha y espera, como dice la canción. Apenas bajo del micro escucho el bocinazo de la camioneta que conduce Pedro, con prisa nos dirigimos a la ciudad de Bariloche donde, en un predio cedido por Parques Nacionales, funcionará en un local la sede de la “Subse”, y además en un conteiner acondicionado para tales fines, una cooperativa de mujeres y beneficiarias del Plan Potenciar Trabajo, elaboraran dulces y mermeladas para comercializar en el mismo lugar donde se instalara una feria de la agricultura familiar campesina e indígena. El proyecto y las obras avanzan a paso firme, ya que será uno de los puntos centrales donde productores y productoras comprendidos dentro del Corredor Productivo, podrán vender sus producciones. Este corredor, es vital para el desarrollo de la zona, pues va de extremo a extremo de las rutas 22 y 23 y además genera más de 500 puestos de trabajo, lo cual no es poca cosa en la ciudad. Este proyecto forma parte un proyecto de distribución de alimentos sanos, de producción agroecológica y que como tal, fomenta el arraigo y la soberanía alimentaria, pues el mismo se piensa extender con la creación de módulos, ferias y locales, en los barrios populares de Bariloche. También, se busca desde ese lugar, afianzar a los emprendimientos de turismo rural, en el que se han involucrado varias productoras y productores, establecidos en esas dos rutas. Pedro me muestra en la recorrida las obras en el container, donde ya se ha hecho parte de la sala de producción y el vestidor. Me aclara que: “Hacemos todo controlado con inspectores de la municipalidad, para no tener ningún impedimento a la hora de habilitarlo, ya que muchas veces surgen trabas por cuestiones sanitarias y de bromatología, cuando se trata de comercializar productos de la agricultura familiar”. Ya en el camino hacia el aeropuerto, pasamos por un complejo de viviendas que me llaman la atención y le pregunto acerca de las mismas. La respuesta no se demora: “Fueron hechas por los compañeros de la Cooperativa La Pionera Patagónica”. Una muestra más que la Economía Popular y la Agricultura Familiar Campesina e Indígena son herramientas clave para resolver las crisis que origina el capitalismo. Así nos despedimos de esta parte del sur, seguros de haber conocido a la buena gente de la Patagonia.

Octubre de 2022

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