Y de ésta, ¿cómo salimos?

por Huerquen

Por Aien Salvo. Fotos Oxfam.

Arrancó la copa del mundo la cual se siente rara, distinta. Quizás una vez más busca distraernos; esta vez de un mundo que está sumido en un profundo caos: guerras, disputas geopolíticas, resurgimiento y avance de facciones de derecha a nivel global con discursos extremistas y negacionistas que permiten a su vez sostener genocidios como el de Palestina; sucesos que preocupan como humanidad y que te hacen doler la empatía. Todo esto a su vez inmerso en un planeta cada vez más deteriorado que nos grita ¡basta! con una voz en aumento: cada vez mayor incidencia de desastres ambientales, de eventos extremos, de deterioro ambiental. El deterioro de ese mismo ambiente que siempre ha quedado subyugado por cuestiones más “urgentes” pero que hoy a alcanzado un punto de tal criticismo que se ha vuelto urgente per se.

Nos encontramos atravesando lo que desde un punto netamente ambiental es nombrado como triple crisis, pero… ¿qué es esta triple crisis? Le pregunto a Google el cual me arroja el siguiente resultado: “marco adoptado por las Naciones Unidas para describir los tres problemas ambientales globales más urgentes y entrelazados que amenazan la supervivencia y el bienestar en la Tierra: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación”. Releo… “que amenazan la supervivencia y el bienestar en la Tierra”. ¿Realmente son esos problemas los que nos amenazan? ¿son la causa o son la consecuencia? Pero sobre todo me pregunto, ¿es pertinente hoy, en el punto de prácticamente no retorno en el que nos encontramos, seguir abordando lo ambiental de forma aislada a lo profundamente social? Quizás el percibirnos por fuera del ambiente es lo que nos ha empujado a este metejón en un principio.

Mas allá de la discusión conceptual que pueda generar entre especialistas el término “triple crisis”, la realidad es que nos seguimos sintiendo ajenos a la problemática, somos las “victimas” de un planeta que pareciese volverse, de forma espontánea, cada vez más inhóspito para sostenernos en vez de ser una clara consecuencia de una historia, nuestra historia, dedicada a reducir el entorno ambiental, el cual es nuestro sustento real, a una mera fuente de recursos naturales, y no solo una fuente de recursos, si no a su vez creyéndolos inagotables. Nos hemos dedicado a desarrollar tecnologías que nos permitan avanzar cada vez más en el aprovechamiento de los mismos, que nos permitan exprimir cada vez más la tierra e incrementar la productividad en un sentido amplio. Nos hemos dedicado a avanzar hacia una supuesta mejor calidad de vida creando dispositivos que mejoren nuestra “comodidad” definida en gran parte como lo inmediatamente disponible. Esa “comodidad” a su vez, nos ha alejado cada vez mas de nuestro origen verdaderamente natural, de nuestros ciclos circadianos. Nos hemos dedicado a caminar hacia un lugar para hoy en día empezar a retomar viejas prácticas de producción, sustento y habitabilidad, que emergen gritándonos que quizás cuando más “involucionados” fuimos en realidad más coherentes con nuestra propia subsistencia estábamos actuando.

Hemos entrado en un ciclo nocivo marcado profundamente por un consumismo voraz al que solo unos pocos, cada vez más privilegiados, pueden acceder. El mundo cada vez más abstracto y escindido de lo tangible y real, nos llena de ansiedad, angustia y frustración y nos sumerge en lo virtual, en lo abstracto, donde las consecuencias de nuestros patrones se vuelven intangible y en consecuencia “inexistentes”. Esa misma virtualidad nos vuelve cada vez más homogéneos y a la vez cada vez más estáticos. Ahora el hacer es re- postear, es compartir, es comentar en redes. Todo se vuelve similar, cada vez más atravesado por el uso de las IA donde la tendencia es a ser lo mismo, como si todos los dibujos los hiciera de pronto el mismo pintor. Esta nueva “realidad” que hemos sabido construir y que es cada vez más dependiente de lo digital es un mundo donde la contaminación que generamos, pero no vemos, está a un click de distancia. Los servidores que la sostienen no pueden dejar de funcionar requiriendo sistemas de refrigeración que consumen agua y energía cuyo actual consumo debido a la expansión de la IA podría duplicarse para el 2030 introduciéndose una disputa que cada vez será más profunda, el compromiso de recursos básicos para sostener tecnología (Jaimes, 2025).

La demanda mundial de energía sigue creciendo. Según la IEA (Global Energy Review 2025, 2025), el aumento absoluto registrado durante el 2024 fue el mayor jamás observado reflejando el creciente acceso a electrodomésticos de altos consumo, el aumento derivado de la digitalización, los centros de datos, la IA y la creciente electrificación de usos finales. Se discute transición energética como el eje central a trabajarse sin embargo el aumento de demanda fue cubierto, en principio por renovables, pero también se expandió la generación con gas natural (28%), carbón (15%), y petróleo (11%). A la par se comienzan a discutir alternativas tecnológicas como producción de hidrógeno verde, sistemas de captura de dióxido de carbono, desarrollo de la electromovilidad, etc. Todas pareciese sin embargo estar centradas en lo que tenemos que hacer para sostener el actual ritmo de vida sin utilizar fósiles, pero no en preguntarnos sobre nuestras formas de consumo, sobre si quizás tenemos que modificar los patrones culturales en su totalidad. Todas siguen siendo propuestas que requieren presión sobre el ambiente con los consiguientes impactos: Conflictos geopolíticos en tornos a nuevos recursos estratégicos como los minerales críticos, expansión de la minería de extracción, expansión de conflictos socioambientales asociados a la disputa de territorios, al uso de recursos como el agua, al avance sobre leyes proteccionistas, a la destrucción de paisajes de ecosistemas, entre otros. Mientras, emergen discursos negacionistas, propuestas de colonizar otros mundos. Mientras el greenwashing es la nueva tendencia de negocio. Mientras las emisiones de gases de efecto invernadero que seguimos inyectando en la atmósfera continúan aumentando al igual que la temperatura global. Mientras, quienes mas desfavorecidos y vulnerables son, son los que menos acceso a servicios básicos aún tienen y sobre los cuales las consecuencias de la crisis mayores impactos genera profundizando desigualdades.

Es cierto que es necesario frenar un poco esta inercia individual en la que nos hemos metido para poder comenzar a repensarnos. Preguntarnos que consumimos y como, pues tenemos capacidad de generar real presión si somos capaces de dar esas discusiones. No solo vinculado a lo energético, si no necesariamente también a lo alimentario. Sin embargo, la pregunta que me hago una vez más es ¿Estamos realmente discutiendo lo que hay que discutir? ¿Es realmente una cuestión ambiental? O ahora lo ambiental es solo lo nuevo y lo urgente que evita discutir lo que en realidad hay que discutir: La concentración de la riqueza.

El resumen ejecutivo del último informe de la Oxfam comienza diciendo: “Desde que Donald Trump fue elegido presidente en noviembre de 2024, la fortuna conjunta de los multimillonarios del planeta ha crecido tres veces más rápido que el promedio anual de los cinco años anteriores” (Maitland et al., 2026). El más rico de los ricos: Elon Musk. Los milmillonarios, cuyo 1% contamina lo mismo que las dos terceras partes más pobres de la humanidad (Thériault & Grainger, 2023), controlan a su vez las principales empresas de redes social y medio de comunicación, dicho de otra forma, controlan las tendencias del pensamiento, y tienen a su vez, según el mismo informe de la Oxfam, 4.000 veces más probabilidades de ocupar cargos políticos e influenciar en las regulaciones de los diferentes países a la par de ser los que mayores impactos generan. ¿Es posible bajo esta foto introducir realmente cambios que permitan abordar la crisis? Quizás haya que seguir trabajando en alternativas que permitan construir una real igualdad y justicia, en propuestas tecnológicas y estratégicas que no sean ajenas a esta realidad. De lo contrario seguiremos inmersos en este ciclo sin fin cada vez más injusto social y ambientalmente.

Junio de 2026

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