Por Roberto Cittadini – Licenciado en Sociología por la UNMdP y Doctor en Desarrollo Rural por la Université de Toulouse Le Mirail. Con una larga trayectoria académica y de investigación alrededor del desarrollo rural, la agroecología y la agricultura familiar. Trabajó en el INTA hasta su jubilación, donde fue Coordinador Nacional del Programa Prohuerta y desarrolló el MOOC de Agroecología. Actualmente acompaña y asesora proyectos productivos de pequeños productores.
Las retenciones son un porcentaje del valor que se les cobra a ciertos productos al momento de la exportación. Se trata de bienes transables en el mercado externo que tienen un precio fijado a nivel internacional, del cual Argentina tiene poca influencia. En la práctica esto significa que el precio efectivo que recibe el exportador y que se traslada al conjunto de los actores de la producción se conforma en base al precio del mercado internacional menos el porcentaje de las retenciones.
¿A quienes afectan las retenciones?
Tenemos que partir de la constatación de que la agricultura pampeana se basa en un sistema de mercado, de oferta y demanda, en donde, como marca la economía clásica, se funciona en base a tres factores: trabajo, tierra y capital. En este mecanismo de oferta y demanda el trabajo es el que menos recibe y tiende al mínimo, salvo algunos trabajos de gestión empresarial que pueden tener salarios altos, pero que igual son mínimos en relación con la ganancia de otros actores del modelo.
Luego están los que producen, y no me refiero al dueño de la tierra sino a los “empresarios”, los diferentes actores que organizan la gestión e implementación del proceso productivo, “los organizadores de la producción” en algunos casos puede ser los mimos productores propietarios, en otros (la mayoría de los casos) arrendatarios, contratistas, pools de siembra, prestadores de servicios, comercializadores, etc. Todos estos agentes que ponen en marcha la producción lo hacen con una lógica de mercado en donde buscan la mayor tasa de ganancia posible o, al menos, la tasa de ganancia media de la sociedad. Ninguno de ellos se quedaría produciendo a pérdida por un tiempo prolongado, se retira o quiebra (1).
En este proceso la variable de ajuste es el precio de la tierra, el costo del arrendamiento. Los ingresos por renta de la tierra en general son mayores que los ingresos de quienes organizan la producción, los verdaderos “productores”. Si la mayoría de los empresarios que producen ven que, por cierto motivo, sus ganancias disminuyen van a tender a negociar a la baja los costos del arrendamiento. Por el contrario, cuando los precios de los cereales o la soja suben mucho, todos van a competir por demandar tierra y los precios de los arrendamientos van a subir rápidamente. Esto es fácil de comprobar con estadísticas o siguiendo los periódicos cuando estos fenómenos ocurren.

¿Dicho esto, cual es el efecto de las retenciones?
Supongamos que se eliminan totalmente las retenciones de todos los cultivos. En lo inmediato sube fuerte la tasa de ganancia de todos los “organizadores de la producción”. El precio de los granos sube un 30 % tanto para los exportadores como para la venta en el mercado interno porque, como ya se dijo, nosotros somos tomadores del precio internacional. Pero rápidamente la demanda de tierra va a hacer subir los costos del arrendamiento. En el corto/mediano plazo la mayor ganancia se va a transformar en mayores ingresos para los dueños de la tierra. Además, si se eliminan todas las retenciones se empujaría fuertemente al monocultivo de soja por su rentabilidad diferencial.
Por el contrario, si partiendo de cero retenciones se implementan en un 30% (cuidando que sean diferenciales para no caer en el monocultivo), en lo inmediato se afecta la rentabilidad de los productores “organizadores de la producción” porque les baja los ingresos y por ende la rentabilidad ante una estructura de costos dada y con alquileres ya pactados (esto debe ser considerado y buscar de atenuarlo). Pero en el corto y mediano plazo los propietarios de la tierra van a bajar el costo de los arrendamientos para poder seguir teniendo renta, de lo contrario nadie les arrendaría. Una distorsión parcial en este mecanismo se produce por la presencia de fondos especulativos en la figura de los pools de siembra que en su alta demanda de tierra hacen subir el costo del arrendamiento de manera desproporcionada, dejando en difícil situación a los pequeños y medianos arrendatarios.
Es importante entender que las retenciones por sí solas no definen la “rentabilidad” del sector agropecuario. La “rentabilidad” del sector agropecuario y de cualquier sector que exporta depende en primera instancia del tipo de cambio. Un tipo de cambio alto con retenciones puede ser más rentable que un tipo de cambio bajo sin retenciones. Esto último fue lo que ocurrió en la década del 90. Debido a la política de convertibilidad el tipo de cambio fue retrasándose de una manera tan fuerte que no solo afectó la competitividad del sector industrial, sino que afectó aún la competitividad del sector agropecuario y terminó generando una situación de fuerte endeudamiento y quebranto a un alto porcentaje de pequeños y medianos productores. Y en este periodo no había retenciones.
En conclusión, en el corto y mediano plazo las retenciones tienden a afectar principalmente a la renta del dueño de la tierra (tengamos en cuenta que alrededor del 70% de la siembra de cereales y granos se hace sobre campo arrendado) y no al productor en tanto “organizador de la producción”.
Las retenciones también mejoran los precios para los consumidores. Si las retenciones son del 30% el mercado local va a pasar a funcionar con un 30% menos que los precios internacionales.
Otra conclusión importante es que en el corto y mediano plazo no tienen por qué afectar la competitividad (el gran argumento del sector ). Todos los actores van a seguir buscando su mejor tasa de ganancia posible, el ajuste solo se dará en la baja del precio de la tierra y en la disminución del costo del arrendamiento.
Las retenciones pueden ser un instrumento clave para lograr un desarrollo más equilibrado de la economía argentina.
La existencia de retenciones implica, en la práctica, tener dos tipos de cambio para las transacciones internacionales. Esto es muy importante y bien administradas pueden ser un instrumento apropiado de política económica para evitar el fenómeno conocido como “enfermedad holandesa” y que es la “condena” que pueden sufrir determinados países por tener un sector productivo con una competitividad muy superior al resto de la economía.
Este es el caso de la mayoría de los países petroleros que tienden a estabilizarse en un tipo de cambio fijado por la competitividad del petróleo, el cual no les permite el desarrollo de otro tipo de procesos de desarrollo industrial porque no tendrían competitividad con el precio de los productos importados.
Este fenómeno fue analizado, para la situación argentina, en los años 70 por Marcelo Diamand, posteriormente retomado por Aldo Ferrer, mostrando que, con un solo tipo de cambio, el cambio de paridad en el mercado estaría fijado por el sector más competitivo, en nuestro caso el sector agropecuario y resultaría en un tipo de cambio que generaría gran dificultad de poder exportar al sector industrial.
Por estos motivos que Diamand y Ferrer propugnaban la existencia de retenciones, con un apropiado tipo de cambio, para lograr hacer compatible la competitividad del sector agropecuario con la competitividad del sector industrial, como estrategia para superar nuestro desarrollo económico desequilibrado.
Obviamente que estos efectos virtuosos del instrumento retenciones solo se pueden dar si se tiene el poder político para generar una política estable que brinde señales claras al conjunto de actores a los que hemos hecho referencia. La actual correlación de fuerzas señala todo lo contrario. El poder lo tienen las corporaciones agrarias que obligaron a Sergio Masa a establecer los sucesivos “dólar soja” y que actualmente obligaron a Caputo a una baja temporaria de las retenciones.

Tractorazo durante el conflicto del 2008 alrededor de la Resolución 125
La segmentación de retenciones como política pública virtuosa
El modelo productivo instaurado en las últimas décadas, basado en la simplificación de los agroecosistemas, tendiendo al monocultivo, y a la gran escala, ha tenido consecuencias negativas tanto por su impacto ambiental como por la desaparición de pequeños y medianos productores. Imaginar un agro social y ambientalmente más sustentable requiere una política activa para favorecer a los pequeños y medianos productores y las retenciones diferenciales pueden ser un instrumento muy apropiado.
Existen dos tipos de pequeño y mediano productor, el que produce principalmente en su propia tierra y el que produce principalmente en tierra arrendada. El productor que produce sobre su propia tierra recibe dos tipos de ingresos, el que corresponde a la tasa de ganancia de cualquier empresario organizador de un proceso productivo y el componente de renta que sería el equivalente al costo de oportunidad si hubiese dado su tierra en alquiler. Las retenciones afectarán este tipo de ingresos. Esta es una de las razones del interés en la segmentación de retenciones para los pequeños productores.
En el caso del pequeño productor que toma tierra en arrendamiento la segmentación lo favorece doblemente: por un lado, la retención global aplicada al sector le estará disminuyendo su costo de arrendamiento y por otro lado recibe la compensación por devolución de retenciones. Esto implica un estímulo positivo para favorecer a este tipo de pequeños productores chacareros insertos en sus territorios.
El único cuidado que hay que tener es que en esta compensación se mantengan los diferenciales entre cultivos, es decir no debería devolvérseles el 100% de la retención de soja, de lo contrario fomentaríamos la sojización.
Para entender que las retenciones pueden ser un mecanismo muy virtuoso podemos hacer una estimación de que el sector de pequeños productores son el entre el 50 o y 70 % de los productores y no tienen ni el 20% de la tierra. Al compensarles las retenciones los hacemos más competitivos. Por el contrario, para un 20% de grandes propietarios que poseen un 70 u 80 % de la tierra y que en gran parte la dan en arrendamiento este impuesto es “muy justo”, cuando solo les saca un poco de la inmensa renta que tienen por el solo hecho de ser propietarios de la tierra. A los que toman esa tierra para producir, las retenciones una vez estabilizada no los afectan y entonces no afectan la competitividad del sector. La retención diferencial permitiría a su vez a los pequeños y medianos productores competir en mejores condiciones con los fondos de inversión especulativos. Es una pena que el discurso simplista de un impuesto “expropiatorio” consiga unir a los pequeños y medianos productores, y al conjunto de los arrendatarios, a un discurso que beneficia principalmente a la renta de los grandes propietarios. Comprender y lograr explicar esto a los “verdaderos” productores es esencial para alianzas en el sector que acompañen un proyecto nacional.
Febrero de 2025
(1) En el caso del Productor Familiar puede haber una lógica diferente, pudiendo restar en la producción, aunque no retribuya completamente los factores de producción, en particular la mano de obra.

Banderas en movilización de la Mesa de Enlace durante el conflicto por las retenciones de 2008