Como el musguito en la piedra. Paisajes de la lucha del pueblo chileno contra el neoliberalismo

La situación que atraviesan los pueblos en Chile no tiene precedentes y eso se respira en las calles y en todos los escenarios en los que transcurren el día a día de una revuelta popular.

La construcción de lo nuevo, lo distinto y la forma que tomará la idea de que “ya no hay vuelta atrás” se dirime en los escenarios de la política tradicional y, sobre todo, en las calles. Desde el pie, comienza a resurgir la recuperación del tejido social degradado por 30 años de neoliberalismo. Como diría Violeta Parra “se va enredando, enrendando, como en el muro la hiedra, y va brotando, brotando como el musguito en la piedra”.

Centro de Concepción. 7 de noviembre de 2019

Escenarios

Además de las batallas libradas en Santiago, otras ciudades como Concepción en la Región del BioBío, muestran la transversalidad del movimiento de masas que grita en las paredes “ya no hay miedo”. A 25 días de haber comenzado el conflicto –que en verdad puede retrotraerse a los 30 años que enuncia la consigna “no son 30 pesos, son 30 años”- la situación muta diariamente con los esfuerzos organizativos de asambleas barriales y, sobre todo, en las calles que desde el 18 de octubre se encuentran bombardeadas de verdades. Allí es donde se sostienen jornadas de diarias de más de 11hs de protesta y que hoy, 12 de noviembre, se expresa a través de una masiva huelga general en todo el país que durará 48hs.

A las 22hs, Piñera dio una conferencia de prensa en donde insistío en tres acuerdos: la paz, la justicia y una nueva constitución. Además, convocó a carabineros en retiro para reintegrarse a las fuerzas represivas. Sobre la nueva constitución que es el eje de la disputa, planteó construir un texto a ser validado mediante un plebiscito ¿cómo será elaborada la nueva constitución que menciona Piñera? Ningún elemento de su discurso permite vislumbrar una respuesta a la altura de las circunstancias. Es decir, hasta que se logre el plebiscito que abra al pueblo la decisión de crear una nueva constitución a través de una asamblea constituyente.

La “constitución del 80” forjada por Jaime Guzmán durante la dictadura de Pinochet, fue la herramienta de facto para garantizar la concentración de poder, el centralismo, la privatización de bienes comunes como el agua, y que consagra los privilegios de los sectores sociales que sostuvieron la dictadura. Instaura un tribunal constitucional que filtra absolutamente todas las medidas del parlamento y del poder judicial, sirviendo de paraguas ante cualquier posible modificación del status quo, protegiendo las ganancias de las AFP (sistema previsional privado al que el pueblo está obligado a tributar) y de las grandes industrias (de las que el pueblo está obligado a sufrir las consecuencias extractivistas en sus territorios).

Una constitución cerrada sobre sí misma que se presenta como letra sagrada por los defensores del neoliberalismo pero que muestra síntomas de agotamiento: en este país, ya nadie quiere una constitución pinochetista y está dispuesto a todo para cambiarla.

Protesta de estudiantes secundarios. Jueves 7 de noviembre

El clima en Concepción

Luego de 2 semanas de conflicto, llegar a Concepción demoró más que de costumbre, la arteria principal de Chile (carretera cinco sur) continúa con cortes diarios en diferentes puntos. La gente aguanta pacientemente a que la barricada se despliegue luego del accionar represivo y vuelve a retomar la marcha hacia destinos inciertos, porque en verdad, nadie sabe qué vaya a pasar con este movimiento. Una cosa es clara al momento de poner un pie en Chile: las personas, de todas las edades e identidades están convencidas de que ya no hay vuelta atrás.

Luego de un fin de semana largo que descomprimió algo de la intensidad vivida durante la semana de toques de queda y declaraciones de estado de emergencia que pusieron en la mira local e internacional el accionar represivo de las fuerzas armadas y de carabineros (“milicos y pacos” en la jerga popular), el lunes 4 de noviembre nuevamente se manifestaron las oleadas de furia popular organizada.
Las jornadas de protesta fueron adquiriendo sistematicidad y junto a ella se construye una especie de “normalidad”: entre lacrimógenas e hidrantes, pacos sin identificación (¡siempre!) armados con perdigones y balines de goma, grafitis a donde sea que se mire y restos humeantes de las jornadas de protesta (¡qué nunca se apagan!); conviven con la cotidianeidad urbana, vendedores ambulantes, almacenes y comercios que necesitan mantener sus puertas abiertas. Los otros comercios, los de las grandes cadenas de retail están blindados con planchas de acero y es común ver trabajos de soldaduría en simultáneo a las marchas reprimidas. En este clima lacrimógeno, vendedores ambulantes de Haití que abastecen de golosinas baratas a las juventudes que resisten. Hay sentimientos contradictorios: entre el miedo y la esperanza, desorientación ante los acontecimientos y la indolencia del gobierno que parece ciego, sordo, y habla otro idioma.

Precisamente, participar de una de estas jornadas es suficiente para entender que la exigencia se relaciona con la construcción de un idioma común para que el pueblo dé un paso al frente en la toma de decisiones, algo que la actual constitución no permite.

Mientras las y los estudiantes secundarios de diferentes localidades de la Provincia: San Pedro, Talcahuano, Coronel, Lota, Penco o Tomé, se congregan en los tribunales de Concepción al grito de que “el que no salta es paco”, preparan su estrategia frente a la segura represión.

Marcha del lunes 4 de noviembre en el centro de Concepción.

De víctimas a protagonistas

Sorprende el factor juvenil que sale a combatir con piedras y con barricadas a las pacos. Mientras retienen a los pacos marchan los sectores que llegan a organizarse en la semana para marchar: docentes de jardín de infantes, sectores vinculados a la salud, docentes de secundarios, organizaciones de trabajadores por honorarios precarizados o artistas, que salen a marchar con banderas mapuche y chilenas. Cacerolas abolladas de tanto uso. Los sin voz que vienen de las poblaciones (el equivalente a nuestras villas); horticultores de Boca Sur en San Pedro, a los que les quieren pasar con una autopista por encima; pobladores de Talcahuano que no se comen el cuento de que la terminal de GNL que quieren poner en sus costas no va a tener consecuencias ambientales y va a aniquiliar a la pesca artesanal.

Verdaderamente son niñas y niños, entre los 12 y 20 años en su mayoría. Son los hijos de la desesperación de familias endeudadas. Uno de 16, proveniente de Lota (una de las comunas con mayor desempleo del país) cuenta que está ahí porque su abuela murió de cáncer y el turno para la quimio llegó 2 meses después. Otro chiquillo de 14 dice con toda seguridad que están haciendo la revolución por sus padres, reconociendo que gran parte de la responsabilidad de poner el cuerpo recae sobre ellos porque los adultos tienen que trabajar para pagar sus deudas y por eso a ellos les toca resistir en las calles.
Convencidas/os de que no quieren el futuro de deudas y pobreza que este modelo les dejó a sus viejos. Están preocupadas/os por el sistema previsional privado, las famosas AFP por las que movilizaciones masivas vienen saliendo desde el 2017 a la calle para ponerle fin a un auténtico curro: a la gente le obligan a “cotizar” en una AFP que le quitará parte del salario para garantizar una pensión al jubilar. Las AFP distribuyen ese dinero sobre una expectativa de 110 años y al morir la pensión pasa al cónyuge -si es que no tiene otro ingreso- y sólo los hijos menores de 25 años pueden percibir la pensión de sus padres: raro que un jubilado tenga hijos menores de 25 años. Estas empresas privadas le están jodiendo la vida a la gente, apropiándose de horas acumuladas de trabajo que suman años de robo y la gente ya no quiere más, simplemente se agotó de esta injusticia. Otra preocupación de los jóvenes es la educación ante la evidencia de que sus padres pasan 15 o 20 años endeudados.

Un joven poblador de Talcahuano, con la capucha puesta y los ojos irritados no cuenta emocionado que Chile es un paraíso que “no podemos dejar se lo lleven”.

Represiones

Quizá con más fuerza que en otros lugares este escenario de desigualdad es sostenido por el discurso del “sacarse la cresta”, la meritocracia de la “superación personal y el esfuerzo” y la exaltación al individuo con capacidad de consumir, de exhibir y de denigrar a todo aquel que sea distinto. “Desclasados” les gritan en las marchas. Dentro de ese sector difícilmente solidarice con las demandas de las mayorías agobiadas, entran los pacos: en su mayoría provenientes de clases populares cuya opción de inserción dentro del sistema es entrar a las fuerzas represivas: ¿con qué ventajas? Pensiones de privilegio y salarios sobre la media. “Salvarse” si se está disponible para reprimir. Son constantes las escenas de micro-épicas en que manifestantes tratan de dialogar con los pacos para dejen de reprimir al pueblo. La represión de décadas ha sido ejercida sistemáticamente de manera selectiva sobre sectores humildes y en las poblaciones y comunidades indígenas.

Las consiganas que recuerdan los asesinatos de Macarena Valdés y de Camilo Catrillanca, sobre los que se han realizado montajes vergonzosos para ocultar la responsabilidad de Carabineros y el Ministerio del Interior comandado por Andrés Chadwick, están presentes en las calles al igual que las banderas Mapuche.

Manifestación en el centro de Concepción. Miércoles 6 de noviembre.

Desde que Chile despertó, a Piñera le corre una querella por delitos de lesa humanidad y el pueblo pide que el ex ministro del interior Chadwick sea procesado por el asesinato de Camilo Catrillanca, pronto a cumplir un año.

Tras 23 días de crisis de legitimidad, revuelta popular y resistencia, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), ente estatal autónomo, enumera 1.003 heridos por disparos sobre un total de 1.915; de esos 579 fueron por perdigones que han producido 182 lesiones oculares. El sábado 9 de noviembre se confirmó que Gustavo Gatica, un estudiante de psicología de 21 años, quedó ciego al recibir munición en su rostro. Se realizó una concentración para repudiar los hechos y apoyar a la víctima: también fue reprimida, aplicando los mismos medios que le quitaron la vista Gustavo.
Desde el 18 de octubre el INDH registra un total de 5.565 personas que fueron detenidas. Se han presentado 201 querellas por torturas y tratos crueles, 91 por tortura con violencia sexual y 5 por homicidio. Solo en la región Metropolitana (incluido Santiago) se han constatado 45 casos de abuso de poder contra detenidos por parte de uniformados en recintos policiales.
Pacos sin identificación se llevan a personas detenidas y no aportan información de paraderos. De hecho, una imagen convulsionó a las calles: se logró registrar a un grupo de pacos “jalando” (inhalando algún tipo de droga) que las autoridades de la intitución desmintieron con el argumento de que estaban “oliendo mertiolate”… 

En la calle se percibe la virulencia, la violencia desmedida y la gestualidad desencajada de quienes reprimen que los miles de celulares de los miles de manifestantes han documentado.

La rebelión en momentos

I
Comienzan las barricadas en distintos puntos de la ciudad, lacrimógenas por todos lados. Una señora quedó en el suelo en la plaza de armas de Concepción y la gente acorrala a los pacos para decirles lo mierda que son y por qué no defienden al pueblo de los verdaderos criminales. Ya empiezan a sonar las cacerolas y no hay esquina del centro que no tenga fuego. Entre las barricadas de las calles pequeñas de la ciudad, la gente con cacerolas. Un niño universitario cacerolea haciéndole frente a la montada, la montada abre camino y entran en manada los pacos en moto a toda veolocidad, pasando violentamente entre la gente con sus cacerolas. El niño dice que cuando pasaron por su lado le gritaron “maricón culiao!”.

II
La gente mayor que no está callejeando asoma por las ventanas y las puertas para apoyar. Otros se enojan por la magnitud de los destrozos. En la noche ya empiezan a pulular los rumores de que hay “chalecos amarillos”, defensores de la propiedad privada que atacan a quienes intentan saquear comercios. Pasamos frente a un almacén abierto y una señora reafirma que “los cabros” no saquean al pueblo. Otra señora grita desde el balcón “flaites (villeros) de mierda vuelvan para sus barrios”, le responden “desclasada culiá”.

III
Cantamos “el derecho de vivir en paz”, “el pueblo unido jamás será vencido” y comemos un pacho en lo de la tía que los prepara hasta tarde porque “los chiquillos vienen con diente después de tanto protestar”. Sigue el fuego ardiendo en la barricada.

IV
Se prende fuego una construcción, pasan los bomberos y a ellos se les aplaude, “porque son pueblo”. Incluso, una de las últimas marchas convocadas en la ciudad de Talca fue liderada por los bomberos, quiénes sufrieron la represión tras ofrecer ayuda en medio de la represión.

V
Los pacos vuelven a reprimir, salimos corriendo porque esa jornada vimos cómo se llevaban a 2 a la comisaría. Corremos. El resguardo vino de una señora que a unas cuadras estaba con la puerta abierta, mirando para afuera. La señora es exonerada política y cuenta que está con depresión porque “esto es como en el 73”, y sus hijos y nietos están en la calle en ese preciso momento. La señora conta que como ya está grande y mal operada de una pierna, sólo puede participar difundiendo desde las redes. Son las 23hs del viernes 8 de noviembre.

 

Protesta del lunes 4 de noviembre en el centro de Concepción

 

Huelga General

El gobierno está acorralado y debe dar una respuesta al pedido de asamblea constituyente vía plebiscito, sin embargo insiste con estrategias mediáticas que nadie se traga: cambio de gabinete y la presentación de proyectos de leyes represivos y crimininalizadores (ley anticapucha, ley de testigos protegidos ante vandalismo, mejoramiento de la inteligencia policial y seguridad de las fuerzas represivas), como si esta rebelión fuera un problema de seguridad interna.
El jueves 7 Piñera convocó al Consejo de Seguridad Nacional, ente que -se supone- debe responder ante amenazas externas. Sin escuchar a las demandas del pueblo, continúa el escenario represivo y, con el aparato mediático demonizando al movimiento de masas; pero las marchas continúan cada vez más fuertes y también las asambleas ganan continuidad en el tiempo y comienzan a trabajar con mayor profundidad el horizonte de una constituyente. Una asamblea constituyente que ya ha comenzado. Es el despliegue de poder popular, enraizado en la reflexión local, compartida, sostenida con el diálogo cara a cara que se despliega en las asambleas.

Pocas horas antes de que Evo Morales anunciara su renuncia y se consumara el Golpe de Estado en Bolivia, en una asamblea barrial en Santiago comparaban al proceso constituyente boliviano con la demanda que está emprendiendo el pueblo chileno. Se decía que el proceso ya está en funcionamiento por el simple hecho de que la gente, cansada del hastío, se encuentra a dialogar y a proponer. Voluntad de entender para que la tecnocracia de la casta política chilena no capture y sofoque lo que el pueblo ganó en la calle.

¿Qué nudos imposibilitan avanzar sobre el proceso constituyente según la constitución del 80? ¿Será esta una constitución plurinacional? ¿Cómo participarán las comunidades indígenas de este proceso? ¿Cómo se considerarán los bienes comunes ante la evidencia de que el modelo actualmente vigente no ha hecho más que despojar a los territorios y las comunidades que allí habitan? Las preguntas son varias y se acumulan en el devenir de los encuentros. Entre la calle y la ronda popular se teje lo lindo de este movimiento golpeado por la represión de los verdaderamente ciegos. El pueblo chileno, en cambio, simplemente despertó.

Chile, 12 de noviembre de 2019

Joven manifestante en el centro de Concepción. Viernes 8 de noviembre de 2019

 

 

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