Tandil, a la vanguardia de los experimentos a cielo abierto del agronegocio

Por Virginia Toledo López (*) para Huerquen

 

En plena crisis económica y con la pobreza en aumento a lo largo y ancho del país, en el contexto de la pandemia, la ciudad de Tandil resuena en medios nacionales en comparaciones con polos de modernidad y con anuncios de inversiones millonarias. Históricamente destacada por sus serranías, picapedrera, con un fuerte movimiento social por la preservación de las Sierras más antiguas del mundo, habitada desde antaño por pueblos originarios, realza también por su dinamismo en la actividad agropecuaria, metalúrgica e industrial, comercial, de servicios informáticos y educativos (incluyendo universitarios de grado y posgrado). Además, existen varias experiencias de permacultura y agroecología, así como iniciativas cooperativas y de economía social, solidaria y popular. En este contexto las autoridades proponen planes de gobierno basados en la promoción de chiqueros de cerdos para exportación y paneles “verdes” con el trigo de Bioceres.

El día martes 29 de junio se firmó un carta de intención para la fabricación de paneles a base de rastrojo de trigo en el Parque Industrial (ubicado a ocho 8 km del centro de la ciudad) entre el Municipio de Tandil con Bioceres, la Cooperativa Falucho (una conocida cooperativa de vivienda de la ciudad) y Ortech Industries, de origen australiano (1), para la provisión de equipamientos Durra Panel (2). Mediante este convenio la empresa PlatConstrucciones se radica en Tandil, adquiriendo un predio en el parque Industrial. La propuesta suma una inversión de diez millones de dólares, y promete 130 puestos de trabajo generar en 6 meses (aunque desde la cooperativa señalaron que llegan a veinte). El acuerdo se promociona para la “construcción verde”, como una “oportunidad disruptiva, que resulta de avanzada para América Latina.

Acto de anuncio del acuerdo entre la Municipalidad de Tandil, Bioceres y Coop Falucho – 29 de junio

Acto seguido, el día jueves de la misma semana el Intendente anunció una exitosa reunión con la embajada de China en la que, según se enunció literal en medios gráficos locales, “ofreció el Parque Industrial para instalar un frigorífico de capitales chinos” (3), en el marco de una agenda de vinculación internacional en la que el Municipio de Tandil busca “demostrar la capacidad de nuestro territorio para recibir inversiones chinas”. Cabe señalar que desde 2019, la firma de origen tandilense Cagnoli se convirtió en una destacada proveedora de cortes de carne porcina a China (4), por lo que ha sido tomada como ejemplo en el contexto de las negociaciones del acuerdo que gestiona el gobierno nacional con el pais asiático (5) que ha recibido el rechazo desde múltiples sectores. En este contexto se recuerda una frase que resonaba con las primeras medidas para la gestión de la pandemia en Argentina: “el virus no te busca a vos, sino que vos vas a buscar al virus” (Alberto Fernández dixit) (6). Entre otros aspectos se advierte que Argentina se convertirá en un “importador de pandemias” (7) y se cuestiona la falta de estudios previos de impacto ambiental la escasa participación ciudadana y la falta de transparencia en la información.

Emplazada en la zona núcleo de expansión del agronegocio, la ciudad serrana es gobernada por el radicalismo desde hace 18 años, a través de una coalición articulada en torno a la figura del intendente. Las propuestas de ambientalismo de mercado son bien recibidas por una administración en la que se presentan varios casos de “puerta giratoria recurrente” (8). Por ejemplo, como nota de color, al mismo tiempo que el ejecutivo local desplegaba su agenda de vinculación internacional e inversiones “verdes”, renunciaba a su cargo el Director de asuntos agrarios del Municipio para dedicarse a la gestión de un frigorífico (9), y fue reemplazado por un hasta entonces administrador de una empresa agropecuaria de la ciudad, que integra la Cámara Agroindustrial de Tandil y participa en reiteradas ocasiones en programas AGTECH (10).

Respecto de los paneles de rastrojo de trigo, según detalló el Director de Estrategia de Bioceres, a fin de garantizar los estándares por los que se rige el negocio, se busca “un trigo producido también con cierto protocolo, para que el producto que vos tengas, tenga una huella de carbono menor que cualquier otro que un trigo tradicional”. En lo que sigue el director de estrategia declara que “Nuestro trigo tiene un impacto ambiental positivo con respecto al trigo tradicional porque es un trigo que tiene mayor eficiencia del uso de agua, fija más carbono, está rodeado de un paquete tecnológico diferente, productos biológicos específicamente desarrollados para el trigo HB4 y para las zonas de producción. Todo ello nos da un valor ambiental diferenciado” (11). La propuesta se presenta con un discurso ambiental de mercado, incluso la prensa local propicio confusiones con referencias a “paneles solares”, en un intento por reforzar el greenwashing o lavado verde. Tales declaraciones encendieron una alarma entre quienes advierten en estas palabras un llano anuncio de la introducción un nuevo paquete tecnológico basado en transgénicos y agrotóxicos, ni más ni menos que en el trigo, base de la alimentación argentina.

Entre otros impactos asociados, el paquete tecnológico de transgénicos y agrotóxicos genera presión de formas varias sobre el territorio, involucra el avance de la frontera agrícola y de la transgénica, contamina el suelo y las aguas, provoca pérdida de biodiversidad y degradación ecosistémica, conlleva deforestación, acaparamiento de tierras, acaparamiento de aguas, despoblamiento rural, conflictividad territorial y concentración económica. El sistema agroalimentario así planteado resulta sumamente petrodependiente (intensivo en maquinarias, fertilizantes y biocidas de origen químico) y, en consecuencia, favorable al calentamiento global: se estima que el 23 % del total de emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero (2007 a 2016) proviene de la agricultura y cambios en el uso de la tierra (12), a lo que podríamos anexar las emisiones que se generan en el transporte y traslado para la distribución y comercio globales.

Por Langer

En materia de cuestionamientos a los impactos del agronegocio en el partido de Tandil, desde agosto de 2019 cobró visibilidad el conflicto por las fumigaciones, cuando profesionales de la UNICEN demostraron la presencia de 16 agrotóxicos en el agua y suelo de 15 escuelas rurales (13). Actualmente la discusión sobre el marco normativo se encuentra abierta, y vecinos y vecinas organizadas en la Junta Vecinal reclaman el cumplimiento de la medida cautelar dispuesta por el juez, que aleja las fumigaciones aéreas a 2000 metros y las terrestres a 500 metros de casas, escuelas, poblados, pozos y cursos de agua. Este pedido, junto con el apoyo al proyecto de ordenanza para prohibir las fumigaciones aéreas con agroquímicos y poner una distancia mínima a las terrestres de 2000 metros de lugares habitados y cursos de agua, presentado en 2019 a través de la Banca 21 (mecanismo participativo) en el Concejo Deliberante por profesionales de la UNICEN y desde la ONG BIOS (14), ha sido respaldado por cuarenta y seis mil firmas, presentadas tanto a las autoridades locales como a las provinciales (15).

En Tandil el proyecto instalación de una fábrica de paneles de rastrojo de trigo es percibido como un “caballo de Troya” que amenaza la intromisión del transgénico de Bioceres HB4 en el territorio. El trigo de Bioceres resulta ser el primero modificado genéticamente del mundo que busca ser comercializado, y recibió el rechazo rotundo de más de mil científicos y científicas que mediante una carta alertaron sobre los riesgos para la salud y el ambiente que significa este transgénico, y sobre los procedimientos poco transparentes en el proceso de decisión. El trigo transgénico HB4, producto de la asociación entre Bioceres e Indear (aprobado por la CONABIA desde 2015). Fue autorizado en Argentina por la resolución 41/2020 del Ministerio de Agricultura, en octubre pasado, aunque frente a las controversias surgidas quedó sujeto a su aprobación en Brasil (16), actualmente pendiente por inconsistencias en el estudio de impacto ambiental. En la provincia de Buenos Aires distintas organizaciones sociales, agricultores/as y pueblos originarios presentaron una acción de amparo ambiental colectiva para que se suspenda la liberación del trigo HB4, entre quienes firmaron productores agroecológicos y vecinos/as de Tandil.

El HB4 tiene su código genético (ADN) con genes que lo hacen resistente a la sequía y al glufosinato de amonio. Este herbicida es peligrosamente letal para los seres vivos que contribuyen naturalmente a mantener los ecosistemas, deteriora enormemente la calidad del agua dulce (acelerando la eutrofización) y contamina las napas subterráneas, siendo 15 veces más tóxico que el difundido glifosato (17). El HB4 también amenaza a las variedades de semillas nativas y criollas, debido al riesgo de contaminación genética. En Tandil se producen unas 200.000 toneladas de trigo (siendo trigo el 10% de lo que se cultiva en el partido).

La carta de intención firmada con Bioceres resulta una amenaza para las variedades de semillas de trigo locales. A ello se suma la imposibilidad de evitar la mezcla en los procesos de transporte y acopio de granos, poniendo el riesgo de la presencia de estos venenos y transgénicos en las harinas, que constituyen la base de la alimentación argentina (18). El transgénico es un alimento inseguro (no solo a través del pan, sino en los múltiples formatos en los que el trigo se presenta en una cultura alimentaria basada en las harinas de este cereal: pastas, tartas, galletas, masas, postres, etc.). A través de los transgénicos nuestra dieta se restringe a medida que se pierde la biodiversidad, y cada vez comemos una variedad más limitada de cultivos/alimentos.

Junta Vecinal por un Ambiente Saludable de Tandil

Por su parte, el informe “Los daños y riesgos de los paneles de trigo impulsados por Bioceres” (19) considera la cantidad de rastrojo que se extraerá (lo que se propone es la cosecha de hasta el 20%) que implica la extracción materia orgánica que es necesaria para mantener la fertilidad del suelo, los problemas vinculados al almacenamiento (como riesgo de incendio y contaminación) y el transporte, y las características monopsónicas y monopólicas que se perfila en la propuesta, así como el sesgo capital-intensivo, agregando aspectos que llevan a cuestionar el proyecto considerando dimensiones tanto sociales como ambientales de su sustentabilidad. Por lo demás, vecinos y vecinas a través de un extenso comunicado asimismo cuestionaron la falta de información y de consulta, y exigieron “acciones acordes a los principios de la política ambiental de nuestro país, especialmente los de participación, prevención y precaución, priorizando el bien común, la salud pública y la conservación de los bienes naturales del pueblo tandilense” alertando que “deviene urgente proteger y defender nuestra Soberanía Alimentaria”. Al tiempo que ponían en valor las múltiples experiencias locales y regionales de construcción natural y agroecología, que constituyen alternativas presentes reales y cercanas para un futuro ambiental y saludable (20).

La controversia por el acuerdo entre Bioceres, Ortech, la Cooperativa Falucho y el Municipio de Tandil se da en el contexto de las fuertes discusiones sobre el modelo productivo que atraviesa a Argentina, y de la urgente construcción de alternativas en pos de una transición justa y soberana hacia futuros habitables. Tandil parece dirimirse en un escenario de avanzada en términos de iniciativas de greenwashing o maquillaje verde para justificar la continuidad del agronegocio, especialmente colando venenos y transgénicos de los que es dependiente, y los consecuentes efectos sociales y ambientales en el territorio. Frente a este escenario laten resistencias múltiples, a través de las cuales se revitaliza la imaginación sobre los escenarios que se abren a futuro. Se presentan serias dudas respecto del desarrollo que se promueve mediante decisiones que son tomadas sin participación ciudadana, sin diagnósticos ambientales y que, de consumarse, resultan en una grave hipoteca a futuro, violentan nuestro Patrimonio y nos convierten en campos de experimentación de semillas modificadas genéticamente, venenos y otras tecnologías corporativas. Sería deseable que estas circunstancias contribuyan a abrir un amplio debate ciudadano informado, democrático y participativo, tal como lo prevé el Acuerdo de Escazú (Ley Nacional 27.566) sobre las alternativas al desarrollo propuesto.

Tandil, agosto de 2021

(*) Investigadora CONICET. Dra. Cs. Sociales (UBA) – Junta Vecinal por un Ambiente Saludable de Tandil

 

También te podría interesar

¿Qué está pasando con el trigo transgénico en Argentina?

Alta Red de Cooperativas de Trabajo de Comercialización Solidaria

Regenerando el desarrollo

Los ciclos del alimento – El Programa de Reducción de Pérdidas del Mercado Central de BsAs

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *