“El neoliberalismo en el campo de nuestro país tiene que ser frenado con una reforma agraria integral y popular” – Deolinda Carrizo (MNCI VC)

Durante el aislamiento obligatorio de millones en Argentina los alimentos siguen llegando a nuestras mesas de una u otra manera. Mientras los sectores concentrados de la cadena de producción y abastecimiento aprovechan la excepcionalidad del momento para redoblar en especulación: con precios finales acá, con precios afuera, con el dólar, etc; la agricultura familiar campesina tomó el compromiso de que a nadie le falte comida: sobre todo entre los sectores populares.

Los mitos del discurso neoliberal se caen a pedazos en todo el mundo y aquí también, y queda blanco sobre negro el comportamiento de cada actor. En nuestro país esto que vivimos es una oportunidad enorme para replantear el modo en que se organiza todo, y esto incluye lo que rodea a ese plato de comida que tenemos enfrente. ¿A fin avanzaremos hacia la Soberanía Alimentaria? ¿Hacia la agroecología? ¿Hacia otra estructura de uso y propiedad de la tierra? sobre todo esto conversamos con Deolinda Carrizo del Movimiento Nacional Campesino Indígena – Vía Campesina hace muy poco.

Huerquen: En una breve retrospectiva, ¿Cómo encontró la pandemia al sector de la agricultura familiar y campesina?

Deolinda: El sector campesino, indígena y de la agricultura familiar venía golpeado con el gobierno neoliberal encabezado por Mauricio Macri. Toda una situación de constante persecución, criminalización a las organizaciones que estamos en la defensa de la tierra y el territorio. Enfrentando intentos de desalojos, algunos efectuados en algunas provincias, constantemente siendo hostigados por grupos armados contratados por empresarios. También el freno a los desmontes, la insistencia en el freno a las fumigaciones sobre familias y pueblos enteros. Toda esta situación es la que estaba presente pero también todo un proceso unitario. Un trabajo en continuar haciendo visible al sujeto político, económico y social que expresamos.

En ese sentido fue muy importante la construcción de la UTEP (Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular) y el fortalecimiento de la CLOC VC (Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo – Vía Campesina) en Argentina para que estas demandas históricas estén incluidas en el nuevo gobierno del país. Y no sólo desde la palabra sino siendo actores protagonistas para llevar adelante esas políticas. Junto con el Secretario de Agricultura Familiar de la Nación, Miguel Gómez, trabajamos propuestas concretas para el país, no sólo orientadas a que la Ley de Agricultura Familiar (27.118) sea reglamentada y tenga presupuesto, o sea en definitiva que ande no?, sino propuestas que tengan que ver en ir rompiendo la imagen de asistencialismo del campesinado y la agricultura familiar que subyace en muchas políticas, e ir metiendo la discusión de que es un sector clave económico, social y culturalmente, y por eso tiene que tener políticas públicas específicas.

La solución de la problemática de la tierra es un eje central, estratégico, importantísimo y una deuda histórica en el país. El de redistribuir tierras que favorezcan el arraigo, con infraestructura y lo necesario para que el campesinado no sólo permanezca en su lugar sino que tenga mejores condiciones para la producción de alimentos sanos para los pueblos.

Hqn: Con las medidas de resguardo establecidas ¿cómo siguió el esquema de producción y distribución? ¿Qué rol tiene el sector hoy en cuanto al abastecimiento de alimentos?

DC: Consideramos que son importantes las medidas que se han tomado para controlar el avance de esta epidemia, para el cuidado de toda la población y que no se expanda en el país con la fuerza que lo hace en otros continentes. La producción ha continuado como todos los días, ha estado en los territorios la realidad misma y cotidiana de la producción, tanto de cabras como de hortalizas, como de miel, mandioca, caña, yerba, bananas, en fin todo lo que producen las organizaciones del Movimiento Nacional Campesino Indígena.

Lo que ha sido complicada y difícil ha sido la distribución. Está la producción pero se complica la distribución. Si bien se tienen los permisos para transportarla pero en el caso por ejemplo de la miel que estábamos mandando a otras provincias ahí estaba trabado porque un control puede pasar, al siguiente no puede pasar y así, tienes que ver que vaya a amanecer alguien que permita llegar hasta el lugar de destino final. Esa es una de las complicaciones. En el caso de lo más urbano se han hecho bolsones de verduras, y la distribución es por domicilio, casa por casa. Tenemos granjas-refugios donde trabajamos con jóvenes con situaciones de adicciones problemáticas, las Galaxias del Buen Vivir donde se producen verduras, y ahí también pudimos llegar a los barrios con esta producción. También quesos de pequeñas producciones familiares que se hacen en las localidades.

El rol de la agricultura familiar, campesina indígena es estratégico. En este momento es la garantía del alimento para las poblaciones locales. Si en algunas provincias esto hubiese estado mejor diseñado y tomado más en serio al sector no estaríamos hablando de algunos faltantes de algunos alimentos básicos, y se estaría hablando de que hay acceso para todos. En los municipios tranquilamente se podría llegar con la producción local. Este es uno de los saltos gigantes que tienen que animarse a dar en cuanto al valor que el sector tiene.

Hqn: ¿Por qué aumentaron los precios de algunos productos esenciales de la canasta alimentaria?

DC: El aumento de algunos productos esenciales se da básicamente porque hay vivos, hay intermediarios, oportunistas… muchos culeados. No ha aumentado el combustible, no hay aumentado insumos, todo ese tipo de materiales necesarios para la producción, y por lo tanto no deberían haber aumentado algunos alimentos.

Por eso creemos que es necesario un fortalecimiento de la cadena de distribución, que sean más corta entre el productor y el consumidor, sobre todo en las ciudades, en las provincias de lo que no se produce ahí y de las producciones regionales para abastecer a otros lugares; ese intercambio necesario entre provincias o regiones digamos, pero que sea con intervención de productores y consumidores. Hay muchos intermediarios y ellos van instalando sus propias lógicas. Si no hay organización popular, organización consciente de que hay que tomar cartas en esto, estas prácticas van a continuar. Sectores que se dedican a estafar y enriquecerse a costa del esfuerzo de tantos y tantas productoras y consumidores. Es necesario rever ese tipo de prácticas. Desmantelar todo esta estructura de sectores que se dedican a imponer no sólo precios sino de acaparar en el caso de acopiadores, en fin… todo esto no puede depender de manos privadas, tiene que estar haber una intervención del Estado ahí.

Hqn: A partir de todo esto ¿creés que se actualiza el debate sobre el modelo agropecuario en Argentina?

DC: Más que actualizar es profundizar la discusión del modelo agropecuario predominante en el país. El sistema del agronegocio es uno de los responsables de esta situación. Acarrea no sólo pandemias sino contaminación, pérdida de la agrobiodiversidad, etc. En la Argentina particularmente la devastación de la naturaleza, de la madre tierra que vienen haciendo a costa también de la pérdida de parcelas de producción de alimento. La criminalización y un sinfín de desgracias para las familias del campo.

La concentración de la tierra tiene que ser abordada en este país; no sólo hay que cuestionar sino revertir este sistema de concentración de la tierra. El sistema capitalista neoliberal en el campo de nuestro país tiene que ser frenado con una reforma agraria integral y popular. Son reformas estructurales necesarias donde la tierra y los bienes comunes deben cumplir una función social. Tierra en manos de quienes trabajan y producen alimentos. Entonces es una profundización del cuestionamiento. Hay que tomar prácticas distintas por un ambiente más saludable, cuidando la salud y la nutrición, para combatir la pobreza generada y las desigualdades, fortalecer y reconstruir el tejido social en los territorios rurales; acceder a la tierra de fincas abandonadas, crear estar granjas-refugio.

Nosotros tenemos una práctica interesante en la zona de Mercedes y otros lugares de Buenos Aires, en Salta, Misiones, de trabajo con jóvenes con situaciones de adicciones problemáticas que están produciendo alimentos, y antes de que esto estuviera funcionando eran fincas abandonadas, o espacios que pertenecen al Estado y que han estado abandonadas; con mucho esfuerzo las hemos puesto de pie y hay mucha producción, no sólo para quienes viven ahí sino para los barrios circundantes de estas Galaxias del Buen Vivir.

Entonces hay que seguir, nosotros vamos a continuar en la lucha y la resistencia en nuestros territorios campesinos e indígenas, multiplicando nuestras semillas y produciendo alimentos. Tenemos todo esto para compartir con quienes se animen a poblar estos lugares donde hay tierra para producir.

Estamos llamados y llamadas a hacer este proceso de cambio; de continuar, construir, desarmar con perspectiva de otro modelo de producción, de otra sociedad necesaria. Cambios en cómo nos relacionamos no sólo entre nosotros y nosotras sino también con la tierra, nuestros bienes que nos quedan revalorizando los saberes ancestrales.

Santiago del Estero, abril de 2020

 

La Deo Carrizo en la presentación de los 21 puntos del Foro agrario Nacional a las autoridades entrantes – Dieciembre de 2019

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